Drogas de psiquiátras

ANTIPSICÓTICOS

ANTIDEPRESIVOS

LITIO

SEDANTES HIPNÓTICOS

Es cierto que la introducción de los psicofármacos ha significado un progreso cualitativo en la psiquiatría; sin embargo, como para todo aquello accesible al hombre, su uso ha llevado en ocasiones al abuso. Han existido, y existen a la fecha, miles de pacientes que se encuentran bajo los efectos de los psicofármacos por razones más sociales que médicas… No obstante, el uso que se les dé a los psicofármacos puede escapar del control de la conciencia o de la responsabilidad social -como en el caso de la teoría de Einstein- sin que ello les reste validez. Simón Brailowsky: Las sustancias de los sueños: neuropsicofarmacología

Si tomamos en cuenta la historia de la humanidad en su conjunto, el concepto de enfermedad mental resulta ser muy reciente. En la antigüedad se pensaba en términos de maldición divina; durante algún tiempo se habló de desequilibrio, luego de posesión demoníaca y más adelante de alienación social. Dependiendo de la cultura y la época, lo que el condenado, desequilibrado, poseído o alienado recibía por parte de su comunidad era castigo, aislamiento, exorcismo o marginación.

El estudio científico de las alteraciones conductuales comenzó en el siglo V antes de Cristo, cuando Hipócrates las asoció con desequilibrios de lo que diera en llamar “humores fundamentales”: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Para el médico griego las alteraciones de estos humores provocaban: locura excitada, locura tranquila, melancolía o histeria. La psiquiatría moderna también se basa en la hipótesis central de los desequilibrios, aunque ya no de humores, sino de neurotransmisores químicos. Bajo esta lógica, la carencia o sobreproducción de neurotransmisores dentro del cerebro humano da pie al surgimiento de las llamadas alteraciones mentales, básicamente divididas en psicosis y neurosis.

Con la notable excepción de la medicina persa que instituyó toda una terapéutica especializada en el cuidado de estas afecciones, hasta la segunda mitad del siglo XX no existía ningún tipo de enfoque científico para tratar la enfermedad mental. A pesar de ello se utilizaban ciertos psicoactivos como alcanfor, mandrágora cicuta o vinos a los que se añadían especias, junto con métodos que invariablemente generan algún grado de violencia física tales como el cautiverio, los baños con agua helada, el semiahogamiento, las crisis provocadas por electroshocks o las terribles lobotomías.

Lo que podía ver quien se aventurase a cruzar las puertas de un manicomio era realmente aterrador: algunos aullaban atormentados en camisas de fuerza o amarrados a su camas mediante sábanas, correas e incluso cadenas; mientras otros yacían en un silencio sepulcral abandonados a su suerte en los agobiantes laberintos de sus propios pensamientos.

La historia oficial de la psiquiatría cuenta que hacia 1955 las cosas cambiarían drásticamente gracias a la introducción de nuevas drogas que, aunque no curan las llamadas enfermedades mentales, logran calmar la violencia y aliviar los ataques de ansiedad o angustia. A partir de entonces los psiquiatras han recetado fármacos principalmente para tratar las psicosis y los cuadros de ansiedad. Esta última se define como una angustia o un desasosiego que incluye agitación, inquietud, zozobra o estrés; molestias cuyo origen resulta indefinido puesto que carecen de una fuente u origen externo que justifique su aparición. Por su parte, las psicosis se describen como trastornos severos de la conducta que se manifiestan por desconexión de la realidad o defectos severos en la percepción de la misma, incapacidad para pensar coherentemente, inconciencia o falta de reconocimiento de estas anormalidades y en ocasiones, delirios y alucinaciones. Las psicosis pueden dividirse en orgánicas y funcionales.

Las psicosis orgánicas están asociadas a estados tóxicos, problemas metabólicos o enfermedades neurológicas. Este tipo de psicosis no se consideran propiamente como enfermedades sino como síntomas asociados a diversas condiciones.

Las psicosis funcionales sí se consideran como enfermedades mentales y se subdividen en:

A) Trastornos afectivos unipolares (depresión) o bipolares (manía-depresiva), que se presentan como graves anormalidades de la conducta con fuertes componentes emocionales (cambios bruscos del estado anímico);

B) Esquizofrenias, que constituyen cuadros de pensamiento alterado, con desprendimiento del sujeto de su ambiente, delirios (transfusión, control y robo de pensamiento), trastornos emocionales, alucinaciones, catatonia (inmovilidad o flexibilidad cérea), etc.; y trastornos delirantes, que reportan anormalidades conductuales causadas por delirios, o sea: ideas que a partir de ciertos elementos de la realidad se eslabonan para constituir historias o versiones de la realidad y que exageran alguno de sus elementos, ya sea conservando una hilación o sin ella (delirio de grandeza, delirio de persecución, etc.).

A medida que los psiquiatras fueron avanzando en sus investigaciones, miles de enfermos abandonaron los hospitales y miles más que antes habrían tenido que permanecer cautivos en un espacio reducido, pudieron ser tratados como pacientes “externos” capaces de incorporarse a la vida familiar desarrollando tareas productivas… Aunque como asegura el Dr. Brailowsky, no todo es bello, pues su uso ha llevado en muchas ocasiones al abuso.

Para Thomas Szasz, autor de ensayos tan polémicos como El mito de la enfermedad mental, La fabricación de la locura y Nuestro derecho a las drogas, la enfermedad mental no existe.

No es nada. Sólo es cuestión de lenguaje. Lo utilizamos como término pare describir las conductas que no nos gustan, las que rechazamos… La locura es un invento del hombre. Como cuando se pone una autopista y el hombre marca un límite de velocidad que si se rebasa se debe castigar. Igualmente, son los hombres quienes marcan pautas de comportamiento que deciden lo que es correcto o no correcto. (16)

Debido a estas reglas -para algunos no muy claras, para otros arbitrarias- el empleo y en ocasiones el abuso de fármacos para tratar alteraciones de la conducta, les ha ocasionado una mala reputación. No son pocos quienes consideran que los psiquiatras administran sus drogas como medida disciplinaria, como castigo para reprimir la rebeldía, como camisas de fuerza químicas, como formas de “dormir” los problemas sin resolverlos o para “lavar el cerebro” de los inconformes.

No obstante, independientemente de los parámetros con que se fijen los límites entre lo que puede ser considerado sanidad o insanidad mental, hay algo que resulta innegable: el sufrimiento que aqueja a personas cuyas conductas atípicas los han hecho objeto de automarginación o segregación social. Es por ello que en este capítulo trataremos los principales fármacos que emplea la psiquiatría actual para intentar palear dicho sufrimiento: los antipsicóticos o neurolépticos, los antidepresivos y el litio. Así mismo, nos ocuparemos de los ansiolíticos o sedantes hipnóticos, psicofármacos que como demuestran sus altísimas ventas, nuestra sociedad considera indispensables para calmar la angustia y combatir el insomnio entre personas ya sea plena o parcialmente incorporadas a la dinámica social.

FUENTES DE CONSULTA ACERCA DE LAS DROGAS DE PSIQUIATRAS

1. Antipsicóticos: http://um-jmh.org/HealthLibrary/meds_SP/SP_Antipsychotics.html
2. Astigarraga, Montserrat: “¿Estás deprimido? Puede ser falta de litio”, Portal UniversoEhttp://www.universoe.com/salud/articulo/nutricion/01_litio.shtml

3. Brailowski, Simón: Las sustancias de los sueños: neuropsicofarmacología, FCE-CONACYT, México, 1995
4. C. Álamo, F. López-Muñoz, E. Cuenca: “Contribución de los antidepresivos y reguladores del humor al conocimiento de las bases neurobiológicas de los trastornos afectivos”, PSIQUIATRIA.COM - Vol. 2, No. 3, Septiembre 1998. http://www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol2num3/art_7.htm

5. Callaway, J.C.: “Farmacología de la ayahuasca”, en San, L. et all: Alucinógenos, la experiencia psicodélica, Ed. En Neurociencias, España, 1996.

6. Colín Piana, Ricardo: Depresión: Guía informativa para enfermos, familiares y amigos, Laboratorios Roche.

7. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición 17, PLM, México, 1970

8. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición no. 40, PLM, México, 1994.

9. Escohotado, Antonio: Guía de venenos, Ómnibus Mondadori, España, 1990.

10. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo II, Alianza, España, 1995.

11. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo III, Alianza, España, 1995.

12. Estadísticas de substancias psicotrópicas para necesidades lícitas, ONU, doc. E/INCB/W.15, 1978.

13. Fármacos de abuso: Información farmacológica y manejo de intoxicaciones, Centro Mexicano de Estudios en Farmacodependencia, México, s/f.

14. Goodman, Alfred et all: Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va edición, Panamericana, Argentina, 1991.

15. Grof, Estanilsav y Christina: La tormentosa búsqueda del ser, Los libros de la liebre de marzo, Barcelona, 1998.

16. Identificación de Estupefacientes y psicotrópicos, Instituto de Capacitación de la PGR, México, 1994.

17. LITIO: http://um-jmh.org/HealthLibrary/meds_SP/SP_Lithium.html

18. López Blanco, Myriam “De la euforia a la tristeza”, Salud y medicina, jueves, 10 de Julio de 1997, España: http://www.el-mundo.es/salud/Snumeros/97/S255/S255psiquiatria.html

19. Katzung, Bertram G.: Farmacología Básica y Clínica, Edición 3ra, Manual Moderno, México, 1987.

20. Krupp, Marcus et all: Diagnóstico Clínico y Tratamiento, Manual Moderno, México, 1988.

21. Michael Crawford’s Story: http://www.bipolarworld.net/Stories/micraw.html

22. Millás, Juan José: “Enfermos de afecto”, El País Semanal, no. 1378, domingo 23 de febrero de 2003
23. Moncrieff, Joanna: “Cuarenta Años de Tratamiento con Litio”, Revista de Psiquiatría del Uruguay Vol. 62. No.1. Abril 1998: http://www.mednet.org.uy/spu/index.htm?http://www.mednet.org.uy/spu/revista/abr1998/10.htm

24. Sabbag, Robert: “Quaaludes”, en Ciego de nieve, Anagrama, España, 1990.

25. Szasz, Thomas “Lo que ayer era pecado es hoy enfermedad mental”, Muy interesante, No. I, México, 1996.

26. Toro Martínez, Esteban: “Tratamiento psiquiátrico del trastorno bipolar”, Revista Ergentina de Clínica Neuropsiquiátrica, Año XI, vol. 9, Nº1, julio de 2000 http://www.alcmeon.com.ar/9/33/ToroMartinez.htm

27. Weiss, Brian: Muchas vidas, muchos maestros, Punto de lectura, Madrid, España, 2001.

28. Vieta, Eduard, Francesc Colom y Anabel Martínez-Arán: ¿Qué es el trastorno bipolar?, Barcelona, 2000.
29. Yamila Adams Villalón y Yanileydys Hernández Muñiz: “Tratamiento Profiláctico con Carbonato de Litio. Dieciocho Años de Experiencias.” ISCM-H Facultad de Ciencias Médicas “10 de Octubre”:http://fcmfajardo.sld.cu/cev2002/trabajos/10_de_octubre/09litio/litio.htm

Sedantes hipnóticos

DATOS GENERALES

Origen

En 1853 se introdujo la primera sustancia introducida específicamente como sedante y poco después como hipnótico: el bromuro. Sin embargo, hasta 1900 el sedante hipnótico más utilizado fue el hidrato de cloral. Ello cambiaría cuando empezaron a comercializarse los primeros barbitúricos: barbifonal (1903), y el fenobarbital (1912). Aunque la primera molécula barbitúrica derivada de la urea se había sintetizado en 1863, el barbital, se descubrió en 1888 y comenzó a utilizarse clínicamente en 1903 bajo el nombre de Veronal®. Su inusitado éxito propició la síntesis de más de 2000 derivados, 50 de los cuales fueron aprobados para su empleo clínico, aunque la mayoría han caído en desuso.

En 1955 el doctor Berger reportó que la mefemesina tenía efectos tranquilizantes además de sus ya conocidos efectos como relajante muscular. A raíz de ello se introdujo el meprobamato, un fármaco con efectos más prolongados y con mayor margen de seguridad, cuyo uso médico se aprobó en 1957. Durante la misma época un químico polaco llamado L. Stenbach estudiaba las propiedades farmacológicas de las benzodiacepinas y pudo demostrar que una de ellas, el clorodiazepóxido presentaba efectos sedantes más pronunciados que los del meprobamato. Durante los siguientes años llegaron a sintetizarse cerca de 3000 benzodiacepinas, de las cuales se aprobaron alrededor de 120 y más de 30 continúan usándose en la actualidad. A este grupo de drogas también se les llama ansiolíticos debido a su capacidad para reducir la ansiedad.

QUÍMICA
Identificación
Generalmente extraídos del aceite pesado con costos de manufactura bajos, los hipnóticos sedantes se comercializan en cápsulas, tabletas, píldoras, pastillas o grageas. Imagen escaneada
Composición

Los hipnóticos sedantes constituyen un grupo heterogéneo de fármacos que difieren en su estructura y sin embargo, tienen efectos muy similares.

Entre ellos se encuentran la glutetimida (Doriden®), la metacualona (Qualude®, Man-drax®, Revonal®), el hidrato de cloral (Noctec®), el meprobamato (Apascil®, Perquietil®), y los grandes grupos de benzodiacepinas y barbitúricos que difieren por el tiempo que tardan en comenzar sus efectos y por su duración.

En el caso de las benzodiacepinas, hay de acción corta (menos de 5 hrs.) como el triazolam (Halcion®) y de acción prolongada (5 a 24 hrs.) como el bromacepam (Lexotán®), alprazolam (Tafil®), flunitracepam (Rohypnol®), el

clorodiacepóxido (Librax®, Librium®, Decacil®), loracepam (Ativán®), y diacepam (Alboral®, Valium®, Relazepam®, Ortopsique®). Entre los barbitúricos también hay de acción corta como el secobarbital (Seconal®); de acción media como el amobarbital (Tuinal®, Amital®); y de acción larga como el fenobarbital (Franol®, Nablan®, Comital®, Bellergal®).

Formas de adulteración

Al ser productos expendidos en farmacias no se encuentran adulterados, por el contrario, suelen utilizarse como adulterantes para otras drogas.

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo

Los sedantes hipnóticos se administran por vía oral o intravenosa. Deprimen el SNC de manera no selectiva (a excepción de las benzodiacepinas que deprimen básicamente el sistema límbico) y dependiendo de la dosis, producen diferentes efectos. Dosis bajas disminuyen la intranquilidad, la tensión emocional y la ansiedad sin mermar ostensiblemente la percepción sensorial y el estado de alerta; dosis medias provocan calma o somnolencia (sedación); dosis altas, sueño (hipnosis farmacológica); y dosis mayores, inconsciencia, anestesia quirúrgica, coma y depresión fatal en las funciones respiratoria y cardiaca.

Usos terapéuticos

La metacualona y las benzodiacepinas se emplean en el tratamiento de neurosis, sobre todo en casos de ansiedad, tensión emocional, histeria, reacciones obsesivas, estados depresivos con tensión, trastornos emocionales, síndromes de abstinencia producidos por alcohol y barbitúricos y en el control de algunas formas de epilepsia. Los barbitúricos de acción ultracorta se utilizan en anestesia, los de acción corta y media se usan como somníferos, mientras que los de acción larga se utilizan en tratamientos contra la epilepsia. Otras drogas empleadas para producir sueño que suelen administrarse a pacientes que no toleran las benzodiacepinas o los barbitúricos son el hidrato de cloral y el meprobamato.

Dosificación

La dosificación depende de las características particulares del ansiolítico o sedante hipnótico. El hidrato de cloral (Noctec®), por ejemplo, permite administrar dosis bajas que van de 300 a 500 mg; dosis medias de 600 a 700 mg; y dosis altas de 800 mg a 1 g. Dosis letales pueden calcularse por arriba de los 2 gramos en personas sin tolerancia. La metacualona (Qualude®, Mandrax® o Revonal®, el conocido “rebote”), se administra como sedante en dosis de 50 a 100 mg y como hipnótico de 100 a 800 miligramos; las dosis altas sobrepasan 1 g y las letales 2 gramos y medio sin tolerancia. En el caso de los barbitúricos como el nembutal sódico (Nembutal®, “amarillas”), el amobarbital (Amital®, “azules”) y el secobarbital (Seconal®, las “rojas”), las cantidades varían dependiendo del compuesto. Para el secobarbital, por ejemplo, las dosis bajas van de 50 a 100 mg; las medias de 150 a 200 mg; las altas de 250 a 300 mg; y las letales sobrepasan el gramo sin tolerancia. En el caso específico de una de las benzodiacepinas más conocidas y utilizadas como es el diacepam (Valium®), las dosis bajas van de 5 a 10 mg; las medias de 15 a 25 mg; y las altas de 30 a 40 mg. Sobrepasar esta última cantidad puede ser fatal en sujetos sin tolerancia. Otra benzodiacepina conocida es el flunitrazepam (Rohypnol®, las famosas “reinas”), cuyas dosis bajas se calculan entre 0.5 y 2 mg; medias entre 2 y 4 mg; altas entre 4 y 8 mg; y letales sobrepasando esta cantidad sin tolerancia.

Efectos psicológicos y fisiológicos

Los efectos sedantes de estos psicofármacos inician con un ligero trastorno de la atención y la capacidad de concentración. Disminuyen la ansiedad y la depresión al tiempo que desinhiben. Conforme avanza el estado sedante, el individuo se vuelve menos capaz de realizar actividades mentales o motoras; los movimientos se hacen cada vez más torpes y se vuelve difícil caminar o mantenerse en pie ya que la velocidad de reacción y la coordinación muscular se afectan de modo progresivo debido al deterioro de la conciencia de vigilia. Pueden producir distintos grados de amnesia al bloquear la transferencia de información desde la memoria inmediata a la de largo plazo. Según Escohotado, los sedantes hipnóticos amortiguan la actividad psíquica, creando una analgesia de tipo intelectual llamada ataraxia o «tranquilidad moral», al disminuir el ritmo de reacción e ideación. Según Brailowski:

Todos estos agentes pueden producir un estado de excitación transitoria por depresión de sistemas inhibitorios. En otras palabras, deshiniben… Las características de esta excitación dependerán de la dosis, la personalidad del sujeto y el entorno… El sueño producido por los barbitúricos es cualitativamente similar al producido por las benzodiacepinas: acortamiento de la latencia para iniciar el sueño, aumento en su duración (para los agentes de acción intermedia o larga…), disminución de la fase de movimientos oculares rápidos (MOR) y “rebote” al suspender su administración. También puede presentarse una sensación de “cruda” o resaca al día siguiente, con lentificación de los reflejos y somnolencia. (1)

Las benzodiacepinas, aunque son menos tóxicas que los barbitúricos, provocan desinhibición, ataraxia, disartria y errores en el rendimiento. Todos los sedantes hipnóticos producen efectos clínicos acumulativos (con la repetición de la dosis), sinergismo aditivo o supraditivo (cuando se administran con otra clase de sedantes o alcohol) y residuales (después de la terminación del tratamiento). A largo plazo lesionan las funciones sexuales. Además, los barbitúricos son fármacos muy duros para el hígado y el riñón, lesionan el cerebelo, producen erupciones cutáneas, dolores articulares, neuralgias, caídas de tensión, estreñimiento y tendencia al colapso cardiaco. Es importante destacar que no se debe conducir o manejar maquinaria bajo los efectos de este tipo de fármacos.

Potencial de dependencia

Los sedantes hipnóticos tienen un alto potencial de tolerancia y adictividad tanto física como psíquica. A los pocos meses de administraciones altas de benzodiacepinas, el síndrome de abstinencia se manifiesta en deformaciones perceptuales, desmayos e hiperreactividad a estímulos externos con convulsiones hasta el decimosegundo día de la supresión. En el caso de los barbitúricos, los síndromes de abstinencia son más graves, de hecho son semejantes en morbilidad y mortalidad a la abstinencia de alcohol en dipsómanos. La suspensión súbita de barbitúricos puede producir ataques epilépticos graves e incluso mortales, aunque como se desasimilan de modo lento, la reacción de retirada puede producirse una o dos semanas después de la interrupción. La aparición de la tolerancia no hace retroceder los límites de las dosis letales y al ir en aumento las tomas va reduciéndose el margen de seguridad para el usuario. Para que se desencadene el síndrome abstinencial bastan cuatro semanas de usar a diario dosis altas y seis con dosis medias. Entre sus síntomas se encuentran: inquietud, nerviosismo constante, temblores, debilidad, náuseas y vómito. Estos síntomas son progresivos y llegan a ser más graves que los producidos por opiáceos, suscitando un cuadro de delirium tremens con crisis epilépticas cuyo desenlace es muchas veces mortal.

¿Qué hacer en caso de emergencia?

Las dosis excesivas de cualquier sedante hipnótico deben considerarse como la más grave urgencia médica ya que se caracterizan por depresión respiratoria, hipotensión grave, disminución de la actividad gastrointestinal, estupor, síndrome de choque, coma y muerte. En el caso de los barbitúricos, la suspensión repentina de altas dosis es directamente mortal, la dosificación debe reducirse en forma gradual o debe ser substituirla con otro medicamento. Con dosis excesivas de benzodiacepinas puede ocurrir la sedación exagerada con sueño seguido por coma y muerte, por lo que resulta necesario administrar inmediatamente un antagonista como el flumazenil (Lanexat®).

HECHOS INTERSANTES

Régimen legal actual

Los sedantes hipnóticos pertenecen a las Listas III y IV por lo que algunos se venden con receta médica y otros sin ella.

En el caso de la legislación mexicana en materia de drogas, de acuerdo a las Tablas de penas previstas en el artículo 195 BIS del Código Penal para el Distrito Federal en Materia Común y para toda la República en Materia Federal, portar menos de 150 mg de DIACEPAM, 2.5 g de METACUALONA, 2 g de SECOBARBITAL se considera como consumo personal y no se aplica ninguna sanción según el Artículo 199 del Código Penal para del mismo código. Una cantidad mayor se considera como tráfico y sí está sujeta a penalización, dependiendo de la cantidad. (Consultar las tablas) La dosis media consignada en Las drogas tal cual son como consumo personal de Diacepam es de 15 a 20 mg, la de Metacualona es de 100 a 800 mg y la de Secobarbital es de 150 a 200 mg.

El reparto de la producción de sedantes en el mundo industrializado

Cuando entró en vigor el Convenio de 1971 que prohibió el libre comercio de varias substancias aún no sujetas a fiscalización alguna, el mundo aún estaba dividido entre dos bloques y la firma del soviético se vio recompensada con el derecho a producir una parte bastante considerable de los fármacos incluidos en las listas II, III y IV. Por ejemplo: la República Democrática Alemana quedó encargada de elaborar el 80% de las “necesidades lícitas” de anfetamina en el mundo; Hungría prácticamente monopolizó los sedantes hipnóticos no barbitúricos (en 1977 producía 60 toneladas de metacualona); y la URSS, con alguna colaboración de Polonia, Checoslovaquia y Hungría, pasó a ser el mayor productor y exportador de barbitúricos (amobarbital, ciclobarbital, pentobarbital, femobarbital y barbital), acercándose en el mismo año a las mil toneladas que en poder narcótico, potencial adictivo, toxicidad y lucro equivalían a diez millones de kilos de opio persa o turco. La producción y exportación de las otras drogas comprendidas en tales listas, pero sobre todo, la de las que no quedaron incluidas en el Convenio, correspondió a los países del bloque capitalista. (7)

Pastillas para suicidas consumados o frustrados

Aldous Huxley comparó a los sedantes hipnóticos con el “soma” de su novela Un mundo feliz por considerar que «acomodan al usuario en una adormilada indiferencia hacia lo interior y lo exterior, amortiguando la intensidad psíquica sin impulsar ninguna otra dimensión de conciencia»; para él constituyen el arquetipo perfecto de las drogas evasivas: “la analgesia emocional del opio se torna en ellos analgesia mental, libre de ensoñaciones y reflexividad.” (8) Durante los años cincuenta se calcula que tres cuartas partes de los adictos en el mundo usaban barbitúricos y sirvieron a cinco sextas partes de los suicidas consumados o frustrados.

El uso recreativo de hipnóticos barbitúricos

A finales de los años setenta estas drogas cobraron gran popularidad en el mercado estadounidense. El ácido prácticamente había desaparecido y las anfetaminas estaban matando a muchos usuarios, cuando los barbitúricos se impusieron, principalmente entre universitarios. Un poco después se puso de moda la metacualona (Lemmon-714®, Qualude®, etc.). Según cuenta Robert Sabbag en su popular libro Ciego de nieve:

Dos cosas que hacen que la metacualona sea tan popular son el que es más fácil de adquirir que los barbitúricos y que te tumba sin liquidarte. Va directamente al sistema nervioso central y te vuelve gelatina: te notas suelto en unos veinte minutos. No se sabe (por supuesto) cual es su acción concreta, pero la metacualona actúa, al parecer sobre un sector distinto del sistema nervicoso central que los barbitúricos. La sensibilidad táctil que provoca hace la relación amorosa preferible al beisból durante sus buenas ocho horas (esto es lo que entienden los periódicos por afrodisiaco), pero después de la primera hora nada es preferible a dormir… (15)

El escandaloso consumo mundial de benzodiacepinas

En 1984 la Comisión de Estupefacientes de la ONU se reunió para dictaminar sobre las benzodiacepinas y sus afines. La producción y el consumo mundial del diazepam (Valium®) y otras 33 benzodiacepinas mostraba entonces las cifras más elevadas que hubiese alcanzado jamás droga alguna, ya que se vendían bajo más de ochocientas denominaciones; su volumen de fabricación anual se calculaba conservadoramente en unas cinco mil toneladas, que equivalen a un billón de dosis. En esta ocasión, el debate fue acalorado pero las benzodiacepinas se quedaron en la Lista IV, la más cómoda ya que en la mayoría de los países esto implica que no se requiere receta médica para adquirirlas. En 1985 la ONU informó que aproximadamente 600 millones de personas en el mundo tomaban diariamente uno o varios ansiolíticos. (8)

Mezclar sedantes hipnóticos con otras drogas no es buena idea

Charo, una persona que entrevisté, relata sus experiencias al mezclar sedantes con marihuana y alcohol:

Yo me acuerdo que una vez fui yo a “Alexander’s” y me monté con unos amigos. Teníamos una maría de Colombia que se llama “puntos rojos”. Me acuerdo que me fui a casa de una amiga a pegarnos un colocón, porque en Santo Domingo las reuniones eran que te ibas a casa de un amigo y te lo metías todo, lo consumías todo y después te ibas a la discoteca y yo me acuerdo que ese día comenzamos fumando un montón de porros de puntos rojos y luego me dio una que me quería morir, me quería morir, una mañana a las siete de la mañana. El caso fue que esa noche mezclé los puntos rojos, Venadril, Caladril y Roché. Un Roché es un tranquilizante y me comí como dos Rochés y me fui a la discoteca, y a aparte bebiendo, claro este colocón con la discoteca es totalmente ilógico y mucho menos puedes consumir alcohol porque te pones fatal. Recién entrar a la discoteca me senté con unos amigos y me dice uno de ellos ‘vamos a bailar’. Me paro y comienzo a ver todo negro, todo negro, todo negro y digo yo ‘me va a dar algo, me va a dar algo aquí mismo’ y todo el mundo ‘ji ji ji, ja ja ja’, y digo yo, ‘que me voy a desmayar’ y se me puso todo blanco, todo negro, no vi nada, no oí música, no oí nada y me desmayé en medio de la discoteca. Hice un escándalo por supuesto, un cante total en “Alexander’s” en Santo Domingo, o sea todo el mundo me conocía, que horror me desplomé totalmente, me echaron agua en la cara y me sacaron de la discoteca, yo me puse a llorar, a llorar, a llorar y yo me acuerdo que ese día yo subí a mi casa, yo vivía en un segundo piso y subí a gatas, con las llaves, acostada en el piso así, intentando abrir la puerta… Fue patético y llegué a mi cama arrastrándome por el suelo porque no podía caminar, a partir de entonces dije no consumo más de nada. Esa fue la última experiencia que tuve yo con ese tipo de drogas. La cumplí, jamás he vuelto a consumir ni Venadril ni nada de eso…

Excepto una vez nos fuimos a un concierto de Pretenders en Santiago y allí como no había éxtasis la gente mezclaba down con speed, o sea, un tranquilizante con speed, una mezcla… vaya uno que te sube y uno que te baja. Y nos fuimos al concierto y nos llevamos una tira cada uno, una tira es un tira de pastillas totalmente, que las vendían en la farmacia. Yo me acuerdo que yo comí como cuatro tiras, yo llegué a la carretera y yo me desmayé, el amigo mío se lo llevó la policía porque le encontraron pintándose los labios, era un gay, pintándose los labios en el lavabo y le pillaron pastillas y le pillaron de todo y apareció preso. Yo terminé en una casa de un policía secreto que se enamoró de mí esa noche, me encontró en la carretera desmayada, me cargó en el coche, yo me acuerdo que yo me desperté cuando trató de violarme, lo único que me acuerdo yo de ese colocón es que yo me desperté en un momento y vi al tío quitándome los pantalones y como yo en ese tiempo era muy delgada, yo me rellenaba mucho, o sea me ponía unos pantalones arriba y otros abajo y el tío quitándome pantalones y quitándome pantalones y yo me acuerdo, yo me desperté y dije ‘¿que está pasando, que está pasando?’ y claro al otro día me desperté en esa casa diciendo ‘¿dónde estoy?’ Entonces él me dijo, ‘yo no te llevé presa porque tú a mi me gustaste y te encontré en la discoteca desmayada y no te lo metí porque me di cuenta de que era señorita y no te lo podía meter’. En la casa de un coronel… a partir de entonces dije ‘no consumo más esta jodida droga’. O sea tu consumes la droga siempre y cuando tu puedas controlarla pero me pasé totalmente… Me acuerdo yo, me caí, estaba todo el mundo, y eso que perdí la noción, me caí y me llevé a un montón de gente para atrás. Me llevé una cartera y unos walky talkys, la cartera yo no sabía de quién era, me desperté al otro día con una cartera que no era mía, de verdad…

La hipnosis regresiva como sustituto de antidepresivos y sedantes

El doctor Brian Weiss, graduado de las universidades de Columbia como médico y de Yale como psiquiatra, catedrático de psicofarmacología y psiquiatría biológica, ha escrito tres libros, Muchas vidas, muchos maestros, Lazos de amor y A través del tiempo. En todos ellos relata su descubrimiento de una técnica de regresión hipnótica y la afinación de la misma para curar casos graves de fobias, ansiedades y depresiones de todo tipo.

En el prólogo del primero, el doctor Weiss confiesa que le llevó mucho tiempo decidirse a escribir sobre esto, “cuatro años reunir valor para aceptar el riesgo profesional de revelar esta información nada ortodoxa”. (17) Posteriormente relata su primer caso espectacular de regresiones hipnóticas hacia lo que en la literatura esotérica y las religiones orientales se conoce desde hace siglos como “vidas pasadas”

.

Tras varios años de utilizar la hipnosis como herramienta terapéutica, Weiss la probó para buscar el origen de la ansiedad, los ataques de pánicop y las fobias de una paciente llamada Catherine. El doctor cuenta que bajo hipnosis Catherine recuperó recuerdos de “vidas pasadas” que resultaron ser los factores causantes de sus síntomas. También actuó como conducto para recibir información procedente de “entidades espirituales” altamente evolucionados que ofrecieron datos necesarios para su recuperación y la de otros pacientes y en pocos meses sus síntomas desaparecieron “y reanudó su vida más feliz que nunca”.

Cuenta el doctor que cuando estos hechos comenzaron a suceder se sintió absolutamente asombrado y desconcertado, pues en sus estudios no había nada que le hubiese preparado para algo semejante:

No tengo explicaciones científicas de lo que ocurrió. En la mente humana hay demasiadas cosas que están más allá de nuestra comprensión. Tal vez Catherine, bajo hipnosis, pudo centrarse en esa parte de su mente subconciente que acumulaba verdaderos recuerdos de vidas pasadas; tal vez utilizó aquello que el psicoanalista Carl Jung denominó ‘inconciente colectivo’: la fuente de energía que nos rodea y contiene los recuerdos de toda la raza humana… (17)

A raíz de esta experiencia con Catherine, el doctor Weiss utilizó este método con más pacientes y disminuyó paulatinamente la utilización de los fármacos. Según sus propias palabras:

Yo nunca vacilaba en utilizar sedantes y hasta medicamentos antidepresivos para tratar las ansiedades y los miedos crónicos y graves. Ahora recurro a ellos con mucha más moderación y sólo durante breves periodos si acaso. No hay medicamento que pueda llegar a las verdaderas raíces de los síntomas. Mis experiencias así me lo han demostrado. Ahora sé que con la hipnosis regresiva se puede curar en vez de limitarse a disimularlo o enmascarar los síntomas con fármacos. (17)

Weiss no es el único profesional de la psiquiatría que se ha topado con estas cuestiones, pero quizá es uno de los primeros que se ha atrevido a escribir al respecto. Otros casos significativos son los del doctor Stanislav Grof, cofundador de la Psicología Transpersonal (ver más sobre él en adicciones), el doctor Roger Woolger (autor de Otras vidas, otras identidades); los doctores C.J. Ducasse, Martin Ebon, Helen Wambach, Gertrude Schmeider, Frederick Lenz, Edith Fiore, Brabara Ann Brennan (autora de Manos que curan y Hágase la luz) y el doctor Ian Stevenson quien ha reunido más de dos mil ejemplos de niños con recuerdos y experiencias del tipo de la reencarnación, como xenoglosia, que es la capacidad de hablar un idioma extranjero al que nunca se ha estado expuesto.

No obstante, como asegura el mismo Weiss, “la investigación científicamente rigurosa de estos temas está todavía en mantillas. Si bien se están dando grandes pasos para descubrir esta información, el proceso es lento y encuentra mucha resistencia tanto por parte de los científicos como de los legos.” (17)

Los efectos de las drogas sintéticas en el sistema de chakras

Donna Cunningham tenía varios años trabajando como terapeuta especializada adicciones cuando entró en contacto con Andrew Ramer, un sanador y canalizador con quien colaboró para escribir dos libros: The spiritual dimensions of healing addictions (18) y Further dimensions of healing addictions (19).

En el primer libro sostienen que por lo general, los seres humanos caemos en la adicción cuando perdemos de vista o no queremos realizar nuestra “visión”, o sea: “nuestra habilidad de percibir y participar en la realidad más amplia, reteniendo un recuerdo, aunque sea débil, de nuestro Ser Superior y de las tareas y propósitos de nuestra vida” (18).

En el segundo libro explican con claridad cómo se utilizaban antiguamente los distintos psicoactivos, a los que ellos llaman “herramientas de poder”, para recuperar y apoyar nuestra visión; y como es que, al perder ese conocimiento, actualmente abusamos de estas mismas herramientas y nos destruimos con ellas en lugar de utilizarlas en nuestro beneficio.

En Further dimensions of healing addictions, entre otras muchas cosas interesantes, nos explican cuáles son los efectos que tienen las principales sustancias adictivas sobre el campo energético humano, concretamente sobre el sistema de chakras.

Andrew y Donna advierten que el cuerpo humano durante milenios, únicamente ha estado habituado a consumir plantas o drogas directamente derivdas de las plantas y que por simples razones evolutivas, aún no está preparado para absorber los químicos hechos por el hombre, que le resultan todavía más dañinos:

La razón es que sin el soporte de los otros ingredientes, el cuerpo no puede procesar las drogas tan bien como puede hacerlo con las plantas… Por ahora, la introducción en el cuerpo de sustancias manufacturadas, desde aditivos de comida y medicinas hasta drogas adictivas, de hecho sirve a una función evolutiva. Sin embargo no se puede pretender que el cuerpo condicionado durante millones de años desarrolle en dos o tres generaciones la capacidad de llevar a cabo la absorción de sustancias manufacturadas…

Las drogas manufacturadas afectan el cuerpo físico y los cuerpos sutiles en una manera mucho más disruptiva. Sus frecuencias reentonan el cuerpo de maneras artificiales e insanas. A pesar de ello, estos productos químicos tienen ciertas funciones positivas en el plano evolutivo, pero como el resto del los medicamentos, si no son abusados… (19)

Según los autores durante generaciones y generaciones hemos cambiado de una manera muy lenta, sin embargo:

Todo está cambiando en la Tierra ahora, y más rápido que nunca antes en ningún otro tiempo de la historia humana. Así es que no debe sorprender que nos volvamos hacia las drogas para que nos asistan en estos cambios… Es imposible contar el número de personas que son adictas a las píldoras que ofrecen cambiar nuestros estados anímicos o las píldoras de dieta que ofrecen cambiar el apetito y nuestros cuerpos. Y es imposible contar el número de personas con múltiples adicciones a sustancias que comenzaron todas como herramientas de poder para cambiar. Muchas de estas sustancias son legales y se ofrecen en los estantes de las farmacias… Muchas son legales pero sólo con la prescripción de un doctor. Y la naturaleza del sistema médico es tal que hay un gran abuso de estas substancias… Es curioso que muchas de estas drogas tengan una capacidad más fuerte de destrucción sobre el cuerpo y la mente que muchas sustancias ilegales. La sociedad piensa que si las consigues de un doctor son buienas, aún cuando te enganches con ellas, pero si las compras en el parque no lo son. (19)

En el caso de los sedantes hipnónicos, que llaman genéricamente depresores y de las amfetaminas y otros químicos simialres que llaman genéricamente estimulantes, Danna y Andrew aseguran que producen efectos esencialmente en el chakra del tercer ojo y el chakra del corazón.

Aunque algunas de estas drogas drenan la energía hacia los chakras inferiores y algunos la llevan hacia arriba, la mayoría de ellos afectan el chakra cardiaco, porque circulan en la corriente sanguínea y afectan al corazón mismo. Con el tiempo los químicos sintéticos dañan todos los chakras, dificultando que funcionen individualmente o en concierto. Estas sustancias también dañan el aura y los cuerpos sutiles más rápido que cualquier otra sustancia adictiva separando las capas, lo que crea espacios en los que las energías externas pueden quedar atrapadas. También causan pulsaciones irregulares y ritmos staccato en el flujo de energía de los meridianos. (19)

También advierten otra conexión entre las drogas sintéticas y nuestro nuevo y recién despertado chakra del timo:

Inicialmente estas drogas estimulan este centro, pero en un corto periodo de tiempo, deprimen su frágil nuevo funcionamiento… dañando el chakra y la glándula del timo, inhibiendo con ello el sistema inmunológico del cuerpo… Como un niño puede quemarse las manos cinco años antes de estar listo para aprender a cocinar con él, así mismo estamos quemándonos ahora con los químicos que hemos creado. (19)

Hablando de las frecuencias artificiales de estas drogas y de sus efectos sobre los ritmos naturales de los cuerpos energéticos, los autores advierten que estas frecuencias insanas se “contagian” a los campos energéticos de las personas que los consumen:

Una de las razones de que los sanadores y trabajadores de salud que trabajan con adictos (o esquizofrenicos o personas retardadas) acaben “quemados” es que sin que lo noten concientemente, comienzan a tomar e imitar los turbados patrones de ondas cerebrales de las personas con las que están trabajando. Si trabajas con personas adictas, en recuperación o en otras etapas, necesitas limpiar tu aura y tus chakras diariamente… También necesitas protegerte a ti mismo mientras trabajas con una burbuja de luz, usando un cristal que limpies diariamente o quizá utilizando una coraza o casco de luz que cubra tu chakra del enrecejo y tu chakra coronario (Esta clase de protección, de hecho, era parte de la utilidad de los cascos de las armaduras.)

Tú puedes, con práctica -y nadie puede enseñarte cómo- comenzar a jugar con tus ondas cerebrales sin químicos, aprendiendo cómo moverte de los patrones ásperos generados por la vida estresante hacia patrones más suaves, más eufóricos. Incluso puedes alterar las ondas de pensamiento de las personas que están alrededor de ti, aprendiendo a sincronizar con ellos, unirte a ellos y luego cambiarlos. Esta técnica tiene implicaciones en la sanación de esquizofrénicos, epilépticos, y otros cuyo destress ha provocado alteraciones disfuncionales de las ondas cerebrales. Los delfines hacen esto naturalmente, como una forma de unión, comunicación y placer. (26)

Para abandonar una adicción los autores dicen que no es suficiente suspender el uso de la sustancia, sino que hay que reparar el daño causado en los diferentes niveles para que la recuperación sea real y no haya recaídas. Por ello recomiendan que a la par de asisitir a terapias psicológicas ya sean personales o grupales y de someterse a un tratamiento de desintoxicación física bajo supervisión médica, en caso de que ésto sea necesario, también hay que practicar técnicas alternativas para revertir los daños causados por el abuso de las distintas sustancias en el campo energético humano.

Para ello nos ofrecen en su segundo libro una excelente serie de ejercicios de visualización, así como remedios de aromoterapia y gemoterapia específicos para cada reparar los daños provocados por cada una de las diferentes sustancias. Adicionalmente, se incluyen ciertos diagramas canalizados por Andrew para reprogramar las biocomputadoras que son nuestros cerebros.

Según afirman: “Los hábitos, como las adicciones están impresos dentro de nuestros circuitos cerebrales de la misma manera en que los circuitos de una computadora son programados. Para interrumpir un hábito, necesitas borrar y reprogramar el circuito” (19), y para eso sirven los diferentes diagramas canalizados para cada tipo de droga.

Diagrama para transformar el hábito de las drogas sintéticas

Estos diagramas deben mirarse de arriba a abajo o dibujarse 25 veces consecutivas en tres sesiones por día. Además se recomienda mirarlos cuando se sientan deseos de caer en la tentación de usar nuevamente la droga en cuestión. (Ver más al respecto en adicciones)

MI EXPERIENCIA PERSONAL

Cuando estaba en la Escuela de Escritores de la SOGEM en Coyoacán tenía varias amigas que como yo, estaban atravezando por una época de inquietud, aburrimiento y depresividad. Nos encantaba probar cualquier tipo de psicoactivo simplemente por el placer de hacerlo y tomamos algunos sedantes hipnóticos como Lexotán®, Rohypnol®, Revonal® y algunas otras cosas de farmacia que nos vendían sin receta médica, pero la verdad es que nunca nos gustaron los efectos. A excepción de una droga para la tos que se llamaba Alosol® que en realidad era muy incómoda porque tenías que estar absorbiendo todo el tiempo del respirador y salía bastante caro como para repetir el numerito. También nos dio por probar unas gotas para los ojos baratísimas cuyo nombre prefiero no recordar, que no sé por qué nos metíamos por la nariz y eran de lo más nefasto que he probado en toda mi vida. De hecho la primera y única vez que recuerdo haber perdido completamente la conciencia fue con ellas. Y dos de mis amigas, además de cometer bastantes desfiguros en sus respectivos lapsos de inconsciencia, aseguran que se dañaron la vista con ellas. Finalmente siempre nos decepcionaban y regresábamos a la marihuana hasta que salimos de la escuela y por diversas causas también todas acabamos dejándola…

FUENTES DE CONSULTA ACERCA DE LAS DROGAS DE PSIQUIATRAS

1. Brailowski, Simón: Las sustancias de los sueños: neuropsicofarmacología, FCE-CONACYT, México, 1995

2. Callaway, J.C.: “Farmacología de la ayahuasca”, en San, L. et all: Alucinógenos, la experiencia psicodélica, Ed. En Neurociencias, España, 1996.

3. Colín Piana, Ricardo: Depresión: Guía informativa para enfermos, familiares y amigos, Laboratorios Roche.

4. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición 17, PLM, México, 1970

5. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición no. 40, PLM, México, 1994.

6. Escohotado, Antonio: Guía de venenos, Ómnibus Mondadori, España, 1990.

7. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo II, Alianza, España, 1995.

8. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo III, Alianza, España, 1995.

9. Estadísticas de substancias psicotrópicas para necesidades lícitas, ONU, doc. E/INCB/W.15, 1978.

10. Fármacos de abuso: Información farmacológica y manejo de intoxicaciones, Centro Mexicano de Estudios en Farmacodependencia, México, s/f.

11. Goodman, Alfred et all: Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va. edición, Panamericana, Argentina, 1991.

12. Identificación de Estupefacientes y psicotrópicos, Instituto de Capacitación de la PGR, México, 1994.

13. Katzung, Bertram G.: Farmacología Básica y Clínica, Edición 3ra, Manual Moderno, México, 1987.

14. Krupp, Marcus et all: Diagnóstico Clínico y Tratamiento, Manual Moderno, México, 1988.

15. Sabbag, Robert: “Qualudes”, en Ciego de nieve, Anagrama, España, 1990.

16. Szasz, Thomas “Lo que ayer era pecado es hoy enfermedad mental”, Muy interesante, No. I, México, 1996.

17. Weiss, Brian: Muchas vidas, muchos maestros, Punto de lectura, Madrid, España, 2001.

18. Cunningham, Danna y Andrew Ramer: The Spiritual dimensions of healing addictions, Cassandra Press, CA, USA, 1986.

19. Cunningham, Danna y Andrew Ramer: Further dimensions of healing addictions, Cassandra Press, CA, USA, 1988.

Enlaces dentro de Las drogas tal cual:

La entrevista que les hice a José y Charo, en la que hablan de sus experiencias con distintas drogas, entre ellas, sedantes hipnoticos.

Litio

DATOS GENERALES

Origen

El litio es un elemento químico de la Tabla Periódica que en el organismo humano se encuentra a unas concentraciones séricas del orden de 10 a 40 mcg/l.

El litio se utilizó como remedio para diferentes enfermedades, hasta que se asentó como agente farmacológico para el trastorno bipolar, también conocido como psicosis maniaco-depresiva, cuyas víctimas alternan estados extremos de euforia (o manía) y depresión que les llevan literalmente al cielo y al infirno, del resplandor a las tinieblas, de una exaltación sin límites, a un abatimiento intolerable.

Simund Freud llegó a sacar la enfermedad bipolar del cajón de las psicosis para incluirla en las neurosis narcisistas, porque en sus dos fases se produce una acentuación de las necesidades ligadas al amor propio. Los delirios de grandeza de la fase maniaca se convierten durante la depresión en los reproches característicos de una crisis grave de autoestima. Si en la euforia un individuo puede firmar letras de un piso de lujo, porque se lo merece todo, en la depreseión, como no se merece nada, podría llegar a quitarse la vida. En la euforia las víctimas de este mal se aman; en las depresiones se detestan.

El intervalo libre de síntomas comprendido entre una crisis maniaca y una crisis depresiva recibe el nombre de periodo eutímico. Durante este periodo, la persona puede llevar una vida normal, normalmente utilizando estabilizantes farmacológicos del estado de ánimo como el litio.

La ciclotimia, que es llamada “la hermana pequeña” de la bipolaridad, consiste en la aternancia de crisis de hipomanías (o euforias suaves) con depreseiones de carácter leve, que ocasionalmente también suelen tratarse con cortos periodos de uso de litio.

QUÍMICA

Identificación

Las sales o el carbonato de litio tienen un color blanco y se comercializan en cápsulas y tabletas, bajo diferentes denominaciones por ejemplo: Plenur®, Carbolitium®, Neurolitium®, etc.

Composición

El Litio (Li) es el elemento sólido más liviano de la Tabla Periódica. Fue descubierto en 1817, y ha sido utilizado en varias formulaciones para tratamiento de distintas afecciones humanas por más de 150 años.
Formas de adulteración

Al ser un psicoactivo expendidos en farmacias se encuentra libre de adulteraciones.

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo

El Litio como carbonato presenta la mejor tolerancia digestiva por vía oral. Las preparaciones estándares presentan el pico plasmático luego de 1,5-2.0 hs. y las de liberación prolongada lo hacen a las 4.5 hs. aproximadamente. El litio bloquea el desarrollo de hipersensibilidad de los receptores dopaminérgicos, adrenérgicos o colinérgicos. La dificultad para esclarecer su mecanismo de acción puede deberse a que, contrariamente a lo que acontece con los antidepresivos, el litio y otros reguladores del humor no afectan la densidad de los receptores de neurotransmisores. En este sentido, se sabe que el litio es capaz de influir sobre una serie de procesos fisiológicos y muchos de estos efectos se han intentado relacionar con su acción terapéutica o tóxica. Existe la hipótesis de que el litio modifica los niveles absolutos de la Proteína G (PG), que tiene un importante papel en la modulación de señales receptoriales entre los neurotransmisores. Como ya se ha mencionado, el mecanismo directo por el cual el litio actuaría estabilizando a la PG en su forma inactiva es aún desconocido; sin embargo, se cree que modula, de forma alostérica, las vías de neurotransmisión que se encuentren alteradas, respetando las que funcionan normalmente.

Por eso es que para tratar el trastorno bipolar, lo que se persigue es alcanzar y mantener una cierta concentración de litio en la sangre, lo cual se logra tomando litio durante largos periodos en la vida del paciente, en vez de tomarlo sólo ocasionalmente o durante breves periodos, como sucede con otros fármacos. Es por esto que los psiquiatras aconsejan a sus pacientes que no dejen de tomarlo, aunque se sientan mejor, hasta que ellos así lo indiquen.

La vida media de eliminación del litio se encuentra comprendida entre 14 y 30 hs. por lo que alcanza el estado estacionario en alrededor de los cinco días que es cuando se hacen las pruebas sanguíneas necesarias para constatar los niveles sanguíneos que se consideran terapéuticos.

Usos terapéuticos

Sin lugar a dudas el litio es el psicoativo más sencillo que existe en psiquiatría y constituye un hito en el tratamiento de la psicosis maniaco-depresiva. Inicialmente el litio era muy usado para tratar el insomnio, síndromes musculares provocados por tensión, migrañas, ansiedad, angustia, disminución de las facultades intelectuales, agitación, melancolía, fobias y obsesiones.

Hacia 1860 se introdujo su uso para el tratamiento de la “manía gotosa” y hacia fines del siglo XIX se lo consideraba de utilidad para las depresiones recurrentes. Posteriormente, su uso generalizado en bajas dosis en múltiples remedios y aguas minerales, y su uso como sustituto de la sal, condujeron a la aparición de intoxicaciones (hacia los años 1940) que desembocaron en la interrupción del mismo. Pero fue de la mano de John Cade que el litio se introdujo en la psiquiatría moderna, cuando observó sus efectos tranquilizadores en animales y posteriormente lo administró a 10 pacientes maníacos reportando una clara mejoría. Luego, su uso se generalizó en Australia y Europa, habiéndose demorado su aprobación en Estados Unidos hasta 1970 por los casos de envenenamiento reportados treinta años antes.

Actualmente los psiquiatras que no optan por el ácido valproico, prescriben el litio como un tratamiento fundamental tanto en la manía aguda como en la prevención de las recurrencias en cuadros clínicos de trastorno bipolar, también conocido como psicosis maniaco-depresiva y en casos de ciclotimia que es un trastorno bipolar menos grave y generalmente circunstancial.

Dosificación

La dosificación se ajusta con relación a los niveles séricos de la persona a tratar (litemias) que pueden ser expresados en milimoles por litro o miliequivalentes por litro puesto que el litio es un ion monovalente. La litemia se obtiene por fotometría de llama o absorción atómica 12 hs. después de la última toma.

En cuanto a la búsqueda de la dosis se han descripto al menos dos metodologías bien definidas. La primera consiste en suministrar una dosis de prueba de 600 mg y medir la litemia 24 hs. después, obteniendo la dosis diaria utilizando un nomograma. A continuación se detallan las dosis previsibles según el nivel de litemia: Litemia Dosis diaria < 0.05 3600 mg 0.24-0.30 2700 mg 0.24-0.31 1800 mg 0.24-0.32 1200 mg 0.24-0.33 900 mg 0.24-0.34 600 mg > 0.30 utilizar con extrema precaución.

El segundo método consiste en comenzar con una dosis baja (menos de 300 mg tres o dos veces por día) con graduales incrementos de la dosis hasta alcanzar un nivel de litemia apropiado. Los regímenes que utilizan una única dosis nocturna presentan valores de litemia superiores a los de varias tomas divididas en un 10% a un 20%.

Para el tratamiento de la manía aguda es aconsejable un nivel de litemia de 1.0 a 1.2 meq/l, y para la profilaxis de las recurrencias y mantenimiento se recomienda un nivel de 0.8 a 1.0meq/l. “Los pacientes mantenidos en dicho nivel han demostrado menor nivel de recaídas (aproximadamente tres veces menos); menor incidencia de síntomas subumbrales interepisódicos y mejor funcionamiento psicosocial que aquéllos que fueron mantenidos en un rango de 0.4 a 0.6 meq/l.” (3)

Los síntomas tóxicos del litio se experimentan con litemias de 1.5 meq/l, mientras que niveles por arriba de 2.0 se asocian con toxicidad de riesgo vital. Los pacientes de tercera edad presentarán síntomas tóxicos en niveles más bajos de litemia.

Efectos psicológicos y fisiológicos

Los efectos buscados mediante el litio serían los característicos de la eutimia, o sea, la estabilidad emocional de los usuarios. No obstante, para conseguir este resultado deseado, es necesario afrontar efectos secundarios indeseables, como pueden ser temblores de las manos y los dedos, aumento de la sed sensación frecuente de tener que orinar, episodios breves de náuseas o diarrea, sensación de debilidad o cansancio y en ocasiones, aumento o pérdida de peso. Efectos secundarios de dosis mayores pueden ser: diarrea o vómito que no cesa, somnolencia, debilidad muscular, temblores, arrastrar las palabras, vista borrosa, torpeza o inestabilidad, sensación de mareo o desvanecimiento, confusión, convulsiones o perder del conocimiento.

Aún dentro del rango terapéutico el 75% a 80% de los pacientes presentan alguna clase de efectos adversos. Numerosos efectos secundarios son dependientes de las dosis, y pueden manejarse con una reducción de la misma o un aumento más gradual. Si no remiten con la modificación de la dosis, algunos autores recomiendan el agregado de Beta Bloqueantes para el temblor; diuréticos para la poliuria (junto con una reducción de la dosis), una única toma nocturna para producir un solo pico y porque tendría un efecto lesivo sobre el riñón a largo plazo menor; preparaciones de liberación prolongada o administración con las comidas para las náuseas.

El Litio puede causar cambios en el EEG asociados con la repolarización (benignos) y, con menor frecuencia, a trastornos de conducción, agravamientos de arritmias o nuevas arritmias. El efecto adverso renal más frecuente es el deterioro de la capacidad de concentración de la orina debida a una disminución de la respuesta a la hormona antidiurética (ADH). Esto se manifiesta en poliuria, nocturia y polidipsia, a tal punto que la terapéutica con litio es la causa más frecuente de diabetes nefrogénica en la actualidad. Ante esta situación se aconseja primero disminuir la dosis de litio hasta alcanzar el mínimo de litemia efectivo, luego administrar una única dosis nocturna, y en tercer lugar, algunos autores recomiendan el uso de diuréticos.

También se han descripto casos de hipotiroidismo y síndrome nefróticos que revierten con la detección precoz y la suspensión definitiva de la droga.

Potencial de dependencia

No he encontrado datos específicos al respecto.

¿Qué hacer en caso de emergencia?

En caso de sobredosis, es necesario comunicarse de inmediato con el médico, con el centro de información de toxicología, o con la sala de urgencias del hospital más cercano.

Los efectos tóxicos del litio se evidencian al aumentar los niveles de litemia. Los síntomas de intoxicación temprana (litemia superior a 1.5 meq/l) incluyen: temblor, naúseas, diarrea, visión borrosa, vertigo, confusión y en algunos hiperreflexia. Con niveles superiores a 2.5 meq/l aparecerán complicaciones neurológicas más severas y eventualmente convulsiones, coma, arritmias cardíacas y muerte o daño neurológico permanente. La magnitud de la litemia y el tiempo de exposición a la misma se relacionan con el riesgo de desarrollar estos efectos. Por lo tanto se deben instaurar rápidas medidas para reducir los niveles plasmáticos de litio. En el paciente alerta se inducirá el vómito o se procederá al lavado gástrico para evitar que continúe la absorción de la droga. Se instrumentarán medidas de apoyo (ejemplo: mantenimiento del medio interno). En los casos de intoxicación severa se puede indicar hemodiálisis.

HECHOS INTERESANTES

Régimen legal actual

El litio está sujeto a control internacional. Pertenecen a la Lista IV, por lo que sólo pueden adquirirse bajo receta médica.

Creatividad y bipolaridad

A los 23 años, en 1833, trató de quitarse la vida. Siete años más tarde, vivió una de sus épocas más felices y creativas. En 1844, cayó de nuevo en la más profunda depresión. Cuatro años después, volvía a estar alto, es decir, en otra etapa de euforia. Y en 1854 trató de suicidarse otra vez tirándose al río Rin, aunque le rescataron. Entonces fue internado en un psiquiátrico donde murió dos años después de una inanición que él mismo se impuso. ¿Sabes de quién se trata? Del compositor Robert Schumann. Los altibajos de su vida describen muy bien la enfermedad maníaco-depresiva, más conocida como trastorno bipolar por el hecho de arrojar al individuo desde la genialidad hasta la apatía más absoluta.


Samuel Beckett, Scott Fitzgerald, Virginia Woolf, Ernest Hemingway y Lord Byron.

Todos ellos sufrieron un trastorno bipolar que a la Woolf y Hemingway les llevó al suicidio. Igual que a Kurt Cobain (vocalista de Nirvana), una de cuyas canciones más famosas lleva precisamente el título de “Lithium”.

¿Más nombres? Edgar Allan Poe, Sylvia Plath, Vincent van Gogh, Cole Porter, Balzac, Isak Dinesen, Gustav Mahler, Haendel, Mary Shelley, Charly Parker, Holderlin, Gauguin, Rosseti, Jackson Pollock… Datos como estos han hecho pensar a muchos que la bipolaridad está asociada con la creatividad:

A finales del siglo pasado y principios de éste se hicieron una serie de estudios que demostraron que, efectivamente, era más frecuente entre artistas que entre la población general. Pero lo cierto es que, aún así, ni la mayoría de afectados por la enfermedad bipolar tiene la genialidad de Schumann o Pollack, ni todos los artistas tienen cambios bruscos de carácter y son bipolares. Lo único que se consigue al rodear esta patología de romanticismo y hacer generalizaciones es trivializar una enfermedad que provoca mucho sufrimiento y que en muchos casos acaba en suicidio.

El 60-80% de todos los adolescentes y adultos que cometen suicidio tiene una historia de enfermedad afectiva (tanto bipolar como depresión grave, también llamada unipolar). Y del total de pacientes con manía depresiva, el 15% se acaba quitando la vida (sin contar el número de intentos de suicidio fallidos). Algunos pacientes, sin embargo, según escribe el doctor Eduard Vieta, psiquiatra del Hospital Clínic de Barcelona aprovechan la enfermedad para desarrollar los matices de creatividad y liderazgo que comporta. Todo depende de la intensidad de la manía y de la depresión, los dos síntomas extremos de los pacientes. La depresión sumerge al paciente en la apatía absoluta y la manía puede volverle hiperactivo, insomne y, en ocasiones, tremendamente creativo. (7)

El caso de Michael Crawford

Michael Crawford es un joven bipolar que ha decidido explicar abiertamente en internet su enfermedad (Michael Crawford’s Story: http://www.bipolarworld.net/Stories/micraw.html). Estudió física y astronomía, pinta, escribe cuentos, compone música y trabaja como programador de Macintosh. Estas son algunas de sus consideraciones:

Yo paso mucho tiempo sin poderme quitar de la cabeza la idea del suicidio. Esto es algo que todos los maníaco depresivos experimentan. [...] Pero hay una ironía en esta enfermedad. A menudo somos creativos e inteligentes. Cuando me deprimo me aburre todo lo que hago. Nada es interesante. Da la sensación de que no está ocurriendo nada a mi alrededor y cualquier pequeño obstáculo se me hace infranqueable y me llena de desesperación. Hago esfuerzos por mantenerme ocupado, y cuando miro atrás y veo todas las cosas que yo mismo he hecho en otro momento no puedo creérmelo.

Pero existe una diferencia entre sentirse creativo y serlo. Cuando estoy con hipomanía (manía moderada) me vuelvo muy imaginativo. Durante uno de esos periodos, inventé un nuevo método para comprimir imágenes gráficas de ordenador, y permanecía despierto todas las noches diseñando maneras para hacer que los ficheros fuesen todavía más pequeños. Me quedaba en vela creando complicados programas como un loco. En cambio, cuando entro en estado de manía más aguda, empiezo a pensar en verso. Esta es una de las formas por las que sé que entro en la fase de manía. Cuando estoy normal soy incapaz de componer una poesía, pero cuando estoy alto puedo hablar durante mucho rato en rima.

Se calcula que cerca del 1% de la población mundial es bipolar, lo que significa por ejemplo que en España hay unas 400.000 personas que sufren esta enfermedad. “Tú debes conocer a un centenar de personas. Y estoy seguro de que una o un par de ellas son bipolares”, dice Michael.

Muchos de estos enfermos con frecuencia, y algunos otros no tan a menudo, estamos divorciados de la realidad. Lo que la gente no acierta a entender es que la realidad no es algo que nos suceda, sino algo que nosotros construimos. Y para recuperarse de una enfermedad como la manía depresiva uno debe aprender a construirse una realidad mejor y a agarrarse a ella aunque la fuerza de los propios sentimientos te empuje a volcarla.

Respecto del litio, Micheal dice que prefiere no tomarlo por sus efectos secundarios:

Hay algunas medicinas que ayudan para la manía depresiva. La primera droga descubierta para prevenir la manía fue el litio, simples sales de litio, como carbonato de litio o citrato de litio. Mucho después, (en los 80’s) vinieron los anticonvulsionantes -targetol y depakote. El litio me hace sentir mareado todo el tiempo. Por varios años preferí no tomar nada; hasta que me vino un episodio gave de manía. Desde entonces he tomado depakote.

Para las depresiones hay antidepresivos. Hay muchos de ellos. Yo he hestado tomando elavil, ludiomil, wellbutrin, paxil e imipramina. No es fácil encontrar un buen antidepresivo, algunos no funcionan para determinadas personas, algunos funcionan demasiado bien, llevándolo a uno al extremo opuesto de la manía. Para manías graves, y para los síntomas psicóticos de alucinaciones y paranoia, hay los antipsicóticos. Yo he tomado haldol, prolixin, stelazina y risperdal. Los antipsicóticos pueden tener muy malos efectos secundarios como sedación, temblores y calambres. He tenido contracciones tan fuertes con haldol que todos mis músculos se inmovilizaron y tuve que ser llevado fuera del cuarto y me inyectaron cogentin. El risperdal, en mi opinión, es una droga milagrosa - me paró un episodio maniaco en sólo pocos días, y no me causó contracciones o sedación. Sólo tuve temblores en mis manos con él. Sólo estuvo disponible durante unos pocos años. Sin embargo, las medicinas no son completamente efectivas. Estar sano conlleva trabajo. (10)

¿Qué significa sufir un trastorno bipolar?

Pilar García García tiene 51 años y a los 38 fue diagnosticada como bipolar. Actualmente se encuentra eutímica, o sea, libre de síntomas graves, y actualmente ocupa la presidencia de la Asociación Bipolar de Madrid. Pilar trabaja fuera de casa y lleva una vida normal, lo cual le ha permitido alcanzar un buen grado de conocimiento de sí misma y del trastorno bipolar.

En febrero del 2003, Juan José Millás la entrevistó para la revista El País Semanal (16). Él cuenta que de entrada le sorprendió la calidad del pacto que Pilar había alcanzado con su enfermedad, de la que hablaba con cierta distancia irónica, con un suave humor que la ponía “a salvo de la autocompasión”. Ambos pasaron juntos varias horas y un día lo llevó a la Asociación Bipolar de Madrid para que asistiera a una reunión de maníaco-depresivos que le resultó enormemente instructiva. Asegura Millás que:

A partir de ese momento se estableció un intercambio de experiencias que me sirvió, sobre todo, para advertir que conozco a más de dos y a más de tres enfermos bipolares sin diagnosticar: “Pero si esto es lo que le pasa a fulano”, me decía una y otra vez escuchando los relatos que cada uno hacía de su vida. Anoté que muchos bipolares son clandestinos por miedo al rechazo social. En tales casos han de disfrazar las bajas laborales con enfermedades que no tienen. Se habló mucho sobre las ventajas y las desventajas de salir del armario, y me pareció comprobar que las personas que habían decidido hacer pública su enfermedad tenían menos desacuerdos consigo mismas y se encontraban en mejor disposición de combatirla. Las dificultades para compatibilizar enfermedad y vida laboral fue uno de los asuntos estrella de la reunión. La mayoría de estos enfermos luchan, en efecto, por llevar una vida normal, y lo cierto es que con el tratamiento adecuado, tal como afirman Eduard Vieta, Francesc Colom y Anabel Martínez-Arán, del hospital Clínico de la Universidad de Barcelona, en su libro ¿Qué es el trastorno bipolar? la evolución es generalmente buena. (11)

Pilar fue diagnosticada hasta los 38 años y antes de ello tuvo que convivir con unos síntomas que le producían extrañeza, pero que era incapaz de verbalizar. Millás terminó por trascribir el relato de su entrevistada tal cual, “porque cuenta magistralmente el proceso por el que uno conoce su enfermedad, la asume, pacta con ella, y consigue conquistar una vida normal, llena de momentos de incertidumbre, pero también de instantes de dicha”. Lo que sigue a continuación, por tanto, es el relato de las experiencias de Pilar García García según sus propias palabras:

Yo, la infancia la tengo un poco borrada. Como a los siete años perdí un curso escolar porque estuve un año en la cama por un eritema nudoso. mi padre me compró una tele con la que me atiborraba de programas mientras mi madre me atiborraba de tocinillos de cielo, por eso salí gorda. En verano íbamos al pueblo de mi padre, que está en Valladolid, y nos pasábamos el día en la calle. Era la libertad porque en Madrid vivíamos en Diego de León y mi madre no nos dejaba salir por miedo a que nos ocurriera algo. Recuerdo los domingos, cuando nos metíamos en la cama de mis padres para oír un programa de radio que se llamaba Ruede la bolita.

Pilar García García, presidenta de la
Asociación Bipolar de Madrid

No sé qué más, tengo la infancia desaparecida. Sólo recuerdo los momentos ligados a algo afectivo. Creo que identifiqué los tocinillos de cielo, y la comida en general, con el afecto.

Mi madre iba a su bola. Dejó de trabajar cuando tuvo a mi hermano y yo creo que metió la pata porque lo pasó fatal. Era depresiva. A veces se encerraba en su habitación y toda la casa tenía que permanecer en silencio. No lo recuerdo con dolor. Sé que está ahí. Era la sensación constante de que pasaba algo. Mi padre estaba todo el día trabajando. No ponía un huevo en casa. Era comisario y trabajaba 24 horas seguidas a cambio de 48 de descanso. Durante el descanso trabajaba en una inmobiliaria. Recuerdo de él que nos levantaba de la cama y nos llevaba al colegio porque mi madre siempre fue incapaz de madrugar.

De la adolescencia recuerdo épocas en las que mi madre se empeñaba en llevarme al médico porque yo tenía rachas en las que era muy tumbona. Pero nunca me ocurrió nada. Los médicos me veían y decían que estaba bien. Salía y tenía amigos. Iba al colegio, aprobaba con notas muy normales y todo eso. Tenía una pandilla, pero toda esa etapa de la pandilla la recuerdo muy mal. Luego estudié veterinaria, fui progre. Entonces fue cuando me dio por viajar.

Una vez fui a Portugal con dos amigas en coche. Hubo algún problema porque yo soy muy mandona y no siempre nos poníamos de acuerdo. No era nada importante, pero todo aquello, recordándolo desde la conciencia actual de la enfermedad, creo que me causó algún disturbio. He tenido un grupo de amigos muy cerrado, donde todo era muy endogámico y que para mí ha resultado una experiencia patológica. Yo me he abierto cuando he empezado a estar mal.

En un viaje a Italia con dos amigas (estamos en 1978 o 1979, y nací en el 51) tuve una euforia, aunque yo no sabía entonces qué era una euforia. Lo he comprendido después. El caso es que me peleaba mucho y gastaba mucho dinero. Me dejaron por imposible. No fue una euforia fuerte, pero era un anuncio.

En el 79 u 80 estaba en Algete, trabajando de meritoria en un laboratorio de sanidad animal. Había más gente que había terminado Veterinaria y pasábamos por los distintos departamentos para aprender un poco de todo. En el verano me fui como mes y medio de vacaciones. Me voy con mi hermana y mi cuñado. Ahora sé que la familia es uno de los focos que despierta las crisis, pero entonces ni siquiera sabía que aquellas cosas eran crisis. Viajamos en coche, en un 1.800, y con tienda de campaña. Todo era pequeño: el coche, la tienda, aunque la tienda tenía como dos habitaciones. Empezamos el viaje muy bien: sur de Francia, Italia, Suiza. A veces llovía y se empapaba la tienda, pero yo lo recuerdo bien hasta que empezaron las discordias. Lo más probable es que yo comenzara a comprar desaforadamente, porque ése es uno de los síntomas de la euforia, y me dijeran algo, no sé. Empezaron las discordias. Cruzamos a Inglaterra, volvimos por Bretaña, estuvimos en París… No sé por qué hice aquello.

A la vuelta, yo me quedé en Santander, con unas amigas, y mi hermana y mi cuñado volvieron a Madrid. Ya había problema ahí, ya había algo. A los pocos días me metí en un coche-cama y regresé a Madrid. En Algete me peleé con el jefe y empecé a imaginar una granja experimental. No sé qué idea tenía de experimentación con animales. Había conseguido unas fotografías aéreas del pueblo de mi padre y me pasaba el día diseñando la granja. Fui a Barcelona, para hablar del asunto con el marido de una amiga que me dijo:

-Pero, chica, a dónde vas.

También fui a Galicia para investigar. A mi familia no le contaba nada, porque esos días estaba yo sola en el piso de mis padres. No había nadie. La granja de experimentación era una fabulación fantástica, me ocupaba todo el tiempo. A tomar por saco Algete y todo lo demás. Ya tenía la vida solucionada, no necesitaba nada, no necesitaba a nadie. Yo era la gestora y la administrativa y la técnica de aquel proyecto fabuloso. Estaríamos como en el mes de octubre.

Y entonces, de repente, de un día para otro, me vengo abajo. En la bajada no podía con mi alma, no podía ni ponerme el desayuno. Sentía que no había hecho nada bien en la vida. En la depresión te conviertes en la versión contraria de lo que eras en la euforia. Pasas de comerte el mundo a no ser capaz de ponerte el desayuno. Empecé a descubrir en mí cosas terribles: una sensación de soledad tremenda, una falta de relación con todo que…

En eso llegaron mis padres, que habían estado en Miami viendo a un familiar que vivía allí. Me acuerdo que trajeron una aspiradora y que no fui capaz de hacer nada con ella para montarla, aunque soy muy habilidosa. Mi madre se dio cuenta de que pasaba algo y mi padre también, pero les daba pánico reconocerlo porque en mi familia hay antecedentes de enfermedades mentales. Así que, aquí no pasa nada, me tenían todo el día en la calle, para que me animara. Tuve que dejar lo de Algete porque no podía con mi alma, y al final, no sé cómo, fui a un psiquiatra.

Recuerdo que era el 23-F del 81 por el modo en que me enteré del golpe de Estado. Estaba con el psiquiatra y le telefoneó una paciente. Cuando colgó me dijo:

-Huy, esta pobre dice que hay un golpe de Estado.

Al psiquiatra no le comenté nada de la euforia anterior a la depresión. A nosotros nos pasa que olvidamos todo. Cuando estamos en la depresión no nos acordamos de la euforia y cuando estamos en la euforia no nos acordamos de la depresión. Es muy difícil que salgan las cosas ordenadas. El caso es que me trató de depresión. Yo ya no salía de la cama. En la ducha me metía esporádicamente porque te abandonas por completo. Luego he sido más limpia en mis depresiones porque he ido aprendiendo. Le decía a mi madre:

-Mamá, lo único malo que no he hecho en la vida es matar a alguien, todo lo demás lo he hecho mal.

Y que no me llamara nadie. Las persianas bajadas, la puerta cerrada, no quería ver a nadie ni hablar con nadie. No me dieron litio. El litio es un estabilizador del estado de ánimo que los bipolares tenemos que tomar siempre. Pero es que no me trataron como a una bipolar. No estaba diagnosticada.

Salgo de la depresión sin diagnosticar, pero me planteo que algo pasa. Cuando estoy mejor, me voy a trabajar a la oficina de mi padre, a la inmobiliaria. Por lo menos estaba por las mañanas entretenida. Luego empecé a ir a la calle de Hortaleza, a un grupo de psicólogos, donde hago terapia de grupo y análisis de casos. Yo sabía que pasaba algo. Hice expresión corporal y más cosas, no sé, me divertían y me gustaban estos temas.

Empecé a salir. Mi padre, cuando empecé a salir y a llegar a las tantas, se empezó a mosquear. Entonces me fui a vivir sola al paseo de La Habana. Allí viví muy feliz. Estuve eutímica (sin crisis) siete años. La siguiente crisis fue cuando empezaron a hablar de operar a papá: los conflictos familiares otra vez como un foco perturbador. Me marché a La Coruña, a casa de una amiga. Luego pensé que lo hice porque me moría de miedo. El caso es que la nevera estaba vacía; no tiraba de mí, no tiraba de mí. Pasé por un par de psiquiatras, pero aguanté toda la depresión a pelo. No dejé de trabajar y así pasó la cosa. Mi padre aceptaba muy mal las depresiones. Lo habían operado del corazón y al año siguiente le operaron de cataratas. Fui a verlo y me dijo:

-No te preocupes, hija, que mientras yo esté aquí siempre tendrás unas manos que te arropen.

Las manos duraron un año.

Aquel año fue un trasiego con los ingresos de mi padre, todo el día de acá para allá. Fue un tiempo en el que no estaba muy mal y estaba muy ocupada. En abril se murió, y cuando se murió recuerdo que me fui a Málaga: otra huida, como cuando le operaron del corazón. En la playa lloraba, aunque soy muy mala para llorar. Estuve allí unos días, volví, y no sé qué pasó, pero volví y me revolucioné. Y creo que fue cuando me dio por la clarividencia. Le decía a la gente lo que le iba a pasar. La lucidez, en los estados de euforia, hasta que te pasas de rosca, es absoluta. Yo estaba sola, en mi casa del paseo de La Habana, y fue cuando me dio la ataxia, o sea, que no podía andar, que no podía andar. Antes de este problema, quería convocar a mi familia para decirles lo que les iba a pasar, porque veía clarísimo el futuro de cada uno, y no venían. Me dio la ataxia. Llamé para decir que no podía andar. Mi cuñado me tuvo que bajar a cuestas y nos fuimos a La Paz. Es que yo somatizo bastante, menos mal, porque, si no, estaría más loca. Me pusieron unas inyecciones y salí por mi pie.

Entonces le dije a mi hermano que, como no tenía padre, mi padre era él y me fui a su casa. Estaban todos muy sensibilizados, y este hermano me llevó a un psiquiatra que yo creo que me puso Modecate, que es una medicina que se administra a los esquizofrénicos, y me tumbó, además de hacerme polvo el estómago. Estaba todo el día tomando manzanilla.

Otra cosa que recuerdo de aquella época es que la televisión me hablaba. Recuerdo estar viendo una película y que se refería a mí. Ya estaba metida. Esta crisis fue muy gorda y no me internaron. Médicos y médicos y médicos, siempre con mi hermano.

Yo tenía una fuerza física tremenda. Si la manía no es demasiado alta, si es lo que llamamos una hipomanía, es estupenda porque no haces demasiadas locuras, aunque compras muchas cosas y todo eso. En la manía o euforia, hay mucha gente que entra en un concesionario de automóviles y sale con un Mercedes que no va a poder pagar. Depende de cada uno. Mi cuñada me aguantaba con mucha paciencia porque soy un poco meticona. Nos pusimos en el verano. Entonces yo recuerdo haber tirado todas las medicinas a la chimenea de la casa que tenemos en Eurovillas porque en casa de mi hermano estaba entretenida y me iba calmando.

Me fui calmando, me fui calmando y calculo que empezaría la depresión. Yo soy una bipolar de libro: tras la euforia, la depresión.

Voy de nuevo al psiquiatra y es en este momento cuando me diagnostican como bipolar. Tengo entonces 38 años. No recuerdo si recibo el diagnóstico con alivio o con pena porque dejo completamente la medicación.

Aquí hay un vacío. Vivía con mi madre. Estábamos en casa.

Entonces vienen a vivir con nosotros mi cuñado, mi hermana y mi sobrina porque van a hacer obra en su casa. Aquello me provocó una crisis, como siempre que hay movimientos familiares. Recuerdo que un día, ya debía de estar yo como una moto, mi hermana no me quería dejar las llaves del coche y me dio un bofetón. Me fui en taxi a casa de unos amigos que viven en Las Rozas. Esa noche empecé a dar tumbos contra las paredes. Llamaron a urgencias. Acabé en el hospital hablando con el psiquiatra y le convencí, porque en las euforias tenemos una capacidad de convicción increíble, de que no estaba mal. Le dije que había tenido una regresión, pero que podía controlarla.

El psiquiatra no me ingresa y al día siguiente fue cuando me dio por andar a cuatro patas y no hablar. Recuerdo a mi hermana llamando a una señora con la que había hecho macrobiótica -porque yo me he apuntado a la macrobiótica, al psicoanálisis, al yoga, a la terapia de grupo, a todo- para preguntarle qué podía hacer. Por la tarde fuimos al psiquiatra. Yo me quería ir a Nueva York. Cuando me pongo eufórica me da por decir tacos, fumo mucho, hablo durante horas por teléfono, no paro. Me ingresan, creo que me hicieron una cura de sueño. Estuve 13 días internada.

Vuelvo a casa y estoy unos días más o menos bien. Volví con Haloperidol, un neuroléptico que te baja un poco. Luego tengo un periodo que parece que no va a pasar nada y luego vino la depresión. No sé cuánto me duró. Te pones el chándal, cierras la puerta del dormitorio, bajas la persiana y te metes en la cama. No quieres llamar a nadie ni que nadie te llame. Vivir es un esfuerzo tan grande, tan grande…

Intento seguir una cronología, pero la medicación te rompe el tiempo.

Ya estamos en el 93. ¿Qué pasó en el 93? Porque ese año estuve en Japón, pero estuve muy bien… Ahora me acuerdo. Se cayó mi madre y se rompió la cadera y la muñeca. Estaba yo sola con ella en la casa de Eurovillas. Llamé a un vecino, la metimos en el coche y la llevamos a Campo Real. Iba en un puro grito. Yo, con una tensión tremenda. Ahí empezó todo. Yo ya me veía la movida: en casa sola, con ella, todo el día, cuidándola… Dije a la familia que no podía hacerme cargo y se la llevó una hermana mía. Recuerdo que después de operar a mi madre me había empezado a dar la lucidez característica de la euforia y pregunté al médico por qué no le ponían heparina [un anticoagulante]. En la euforia entiendes de todo.

Nos fuimos a la boda de un primo, a Valladolid. Yo estaba provocadora, hablando en voz alta y todo eso. Cuando volvimos de Valladolid, me puse fatal, con un dolor de ovarios (la somatización), y me ingresaron en Loreto. La última noche estuve todo el tiempo hablando por teléfono hasta que lo cortaron. Estaba disparada y apunté en un papel todo lo que íbamos a hacer en el futuro. Cuando me dieron el alta me fui a casa de mi hermana Margarita. Me di un baño de espuma, de sales, y de todo lo que encontré. En las situaciones de euforia te desinhibes completamente. Tuve una conversación con mi cuñado, que fue el que dio la voz de alarma, y al rato me dijeron que me tenían que llevar a San Miguel, que es un hospital psiquiátrico. Me recibió un médico que era muy guapo y le dije que me encontraba estupendamente. Me quedé esa noche, pero no me medicaron. Recuerdo que no fui capaz de encontrar la luz de la habitación y que estuve toda la noche incorporándome y recostándome mientras hacía un viaje hacia atrás en el que evocaba a todos los muertos de la familia. Mi cuñado se iba a Amsterdam al día siguiente y yo sabía que se iba a matar en un accidente de avión, pero conseguí ser Dios y evité el accidente. Por la mañana, cuando llegó el médico, le dije que era Dios y que no se preocupara porque ya lo había solucionado todo. Me medicaron y bajé. Estuve ingresada nueve días.

Luego, lo mismo de siempre: a casa, pasan unos días, y me da la depresión. No sé lo que me duraría, pero cada vez he ido llevando mejor las depresiones, no sólo por el litio, que no lo dejo, sino por el mayor conocimiento que he ido adquiriendo de mí misma.

Estábamos en el 93 y hurgo ya pasamos al 95 (en el 94, qué bien, nada). Yo normalmente me pido en el trabajo un mes de permiso sin sueldo al año. Fui a Colombia y Ecuador en un viaje organizado. Los viajes, junto con los conflictos familiares, son mi otro foco de conflicto, pero me gusta mucho viajar y viajo siempre que puedo. Marchó todo bien hasta Quito, donde me robaron, y aquello me alteró un poco. Pero continué el viaje hasta el final y, al poco de volver a Madrid, me fui a Israel. Creo que fueron quince o veinte días. Me había apuntado a ese viaje porque iba el grupo de yoga, pero no me gustó nada. Todo resultaba excesivamente religioso. En el viaje iban tres tíos con los que me entendí bien, sobre todo con uno. Eran policías, como mi padre. Siempre coincido con policías. Yo estaba muy lúcida, lo que es un claro aviso de euforia, y hablaba de libros y de todo. Discutí mucho con los organizadores (otro síntoma).

Empecé a comprar desaforadamente (más síntomas). Estaba medio enamorada del hombre éste que digo porque en las euforias siempre me enamoro. Comprábamos discos. Una noche, él se enrolló con la que compartía la habitación conmigo y yo me acosté con su amigo. En las euforias se produce también un aumento, a veces brutal, de la libido. Recuerdo que la noche última estábamos cenando y yo tenía delante un escaparate en el que había un traje de seda azul precioso.

Ése me lo compro yo -dije.

Me lo compré, nos fuimos a la discoteca y me ligué a dos jovencitos. Gracias a Dios, al salir había cogido unas cerillas del hotel con la dirección, porque se habían ido todos y yo no tenía ni idea de dónde estaba. Me los llevé al hotel, los duché y allí nos estuvimos hasta que me fui, al cabo de seis horas.

Cuando llegué a Madrid, escandalicé a todo el mundo con la historia. Entonces me fui a San Miguel y me interné voluntariamente. Unos veinte días. Fue mi última gran euforia.

Tuve otra más leve en Turquía, con una depresión también más leve. En Turquía tuve la euforia y en la India la depresión.

Yo creo que lo importante es darse cuenta de cuándo empieza y por qué empieza. Los desencadenantes.

Desde el 95 estoy eutímica, sin crisis graves. Casi siete años. Está muy bien. Desde luego, no dejo el litio nunca, y cuando me noto rara cambio el Orfidal por la Etumina, que es un neuroléptico. Tomo muy poco, un cuarto, que es casi como un placebo. En todo caso, yo soy de la teoría de que me ha ayudado mucho a estar bien el mayor conocimiento de mí misma. Esta enfermedad es sobre todo afectiva. En algún sitio he leído que se llama trastorno afectivo. También le doy mucha importancia al hecho de haber declarado mi enfermedad, lo que es un modo de reconocerla. Mucha gente la lleva de forma clandestina y a mí me parece que es peor. Trabajo en el Instituto Geográfico Nacional. Hago mapas. Soy personal laboral fijo. En las depresiones y en los internamientos me he tenido que dar de baja, pero no me siento criticada por mis compañeras. Ellas saben perfectamente lo que me pasa. En mi sala estamos cuatro mujeres, todas muy charlonas. Este trabajo surgió por el padre de una amiga mía que era topógrafo. Hice un curso de seis meses en el que se daba mucha importancia a la caligrafía porque entonces todo se hacía a mano. Pasaron unos cuantos años, ya había terminado la carrera y todo, cuando un día me llamaron del instituto.

Debo mucho también a la Asociación Bipolar de Madrid, de la que ahora soy la presidenta. Al principio nos reuníamos en el VIPS de Fuencarral, no teníamos ni sede. Cuando se produjo un cambio en la directiva, me presenté y salí. Llevo dos años y pico. Desde que tenemos esta sede se trabaja más. Nos reunimos los miércoles y los viernes. Los miércoles viene una psicóloga, Usúe Espinós, con la que se hacen grupos de autoayuda. Los viernes hablamos entre nosotros. También se atiende a familiares. La labor aquí es de información y asesoramiento. Yo siempre doy un margen de esperanza. Se puede vivir y convivir con esta enfermedad. Entre los bipolares hay un componente muy grande de gente infantil, poco madura. Somos muy vulnerables, muy sensibles, muy perfeccionistas.

Yo digo siempre que los factores ambientales son muy importantes. Hay gente que sabe que en verano le da la crisis. Dedico muchas energías a la asociación y me ha servido para valorarme como persona y para ayudar a la gente. Tiene una importancia capital que te diagnostiquen a tiempo y que des con un buen psiquiatra. El trastorno bipolar es una psicosis de la que siempre se vuelve”.

La Asociación Bipolar de Madrid tiene su sede en la calle de Martínez Campos, 36, distrito postal 28010. Teléfono: 913 19 52 60. Miércoles y viernes, de 18.30 a 20.30 horas. Barcelona: 93 427 44 22. (16)

Eficacia del litio

De acurdo a Yamila Adams Villalón y Yanileydys Hernández Muñiz, los trastornos afectivos constituyen un amplio grupo de enfermedades caracterizadas por alteraciones del estado de ánimo y los objetivos del tratamiento terapéutico se centran en disminuir la frecuencia, severidad y consecuencias psicosociales de los episodios de manía y depresión, por lo que el tratamiento se desplaza a la prevención de las crisis.

Además del ácido valproico, como ya se ha mencionado, uno de los fármacos más empleados en este tratamiento es el carbonato de litio, es por eso que ambas estudiantes de psiquiatría se propusieros valorar la eficacia del tratamiento profiláctico con carbonato de litio en pacientes que sufren trastornos afectivos, atendidos en la clínica de Trastornos afectivos del Servicio de Psiquiatría del “Hospital 10 de octubre” en el periodo comprendido entre 1982 y 2001. Escogieron una muestra conformada con 16 pacientes que han llevado tratamiento sin interrupciones durante 18 años y encontraron lo siguiente:

El 62.50% de la muestra tuvo una respuesta satisfactoria al tratamiento donde la mejor evolución correspondió a los pacientes con diagnostico de trastornos afectivos en remisión. El total de crisis disminuyó considerablemente de 32 a 14 después de iniciado el tratamiento con carbonato de litio. El 68.75% de los pacientes alcanzaron cifras de litemia admisibles para el tratamiento de mantenimiento con dosis cada vez menores. Los efectos secundarios más frecuentes fueron la poliuria y la polidipsia presentes en 93% de los casos. El tratamiento profiláctico de los trastornos afectivos con carbonato de litio en nuestra muestra es de alta eficacia, pues disminuye la frecuencia, gravedad y duración de los episodios además de disminuir los costos por concepto de atención hospitalaria. (15)

Todavía no se ha encontrado un tratamiento totalmente efectivo que cure para siempre la enfermedad bipolar. Sin embargo se puede mantener a raya en la mayoría de los casos, con ayuda del litio, que es eficaz no sólamente en la fase aguda de manía sino, también, para el tratamiento a largo plazo. Sin embargo, como ya se ha visto, puede tener efectos secundarios indeseables y en dosis altas es tóxico, por lo que la administración ha de ser controlada rigurosamente por un profesional y los pacientes deben realizarse análisis periódicos para comprobar cuál es la concentración de esta sustancia en la sangre.

Psicoterapia y nutrición complementarias al uso de litio

Según Luis Fernando Crespo, psiquiatra y psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Internacional y experto en esta clase de patologías, durante las fases de manía o depresión, y dada la evidencia de disfunciones bioquímicas, es necesario el tratamiento farmacológico. Ahora bien, una vez superada la crisis, el tratamiento psicoanalítico constituye un remdio eficaz de consolidar el bienestar: “El psicoanálisis”, añade, “no cura como un medicamento, pero permite al paciente comprenderse mejor, entender sus crisis y encontrarse a gusto dentro de su propia piel y en el mundo. En resumen, el tratamiento farmacológico y el psicoterapéutico deben ser complementarios, aunque todavía, por desgracia, hay quien los considera antagónicos.” (11)

Por su parte, la nutrióloga Montserrat Astigarraga nos recuerda que en 1863, se detectó la presencia de litio en vegetales, y que en el siglo XX se determinó la presencia de este mineral en tejidos humanos, sobre todo en los órganos más importantes como el cerebro y todo el sistema nervioso, el hígado y glándulas suprarrenales. Más tarde se comprobó que el litio tiene una acción sobre el metabolismo de los neurotransmisores y actúa en el sistema nervioso, de tal forma que si los niveles del mismo se ven alterados, la persona puede caer en periodos de euforia e hiperactividad seguidos de fuertes depresiones, por lo que ella deduce que “a través de la dieta podemos garantizar una ingesta adecuada de litio y proporcionar un buen ánimo diario y por que no, un muy buen humor cada día”:

Es importante el consumir alimentos que sean una buena fuente de litio, como:

  • Cereales integrales (arroz, trigo y maíz)
  • Leguminosas (frijoles, garbanzos, lentejas, habas y chícharos)
  • Alfalfa (hojas y semillas)
  • Germinados de cereales
  • Vísceras de animales (riñón ó el hígado)
  • Hortalizas (papas, los nabos, tomates, pimientos rojos y berros)
  • Plantas aromáticas (romero, tomillo y jengibre) ·
  • Frutas (fresas, frambuesas, moras y grosellas)

Obviamente, nadie asegura que consumiendo gran cantidad de estos alimentos ricos en litio se evite la psicosis maniaco-depresiva. La alteración en los niveles de litio no es la única causa de este desorden, pero una ingesta adecuada de este mineral seguramente ayudará a mantener nuestro equilibrio emocional. [...] Si se está consumiendo algún suplemento de litio, es importante no incrementar o disminuir las dosis por iniciativa propia, ya que puede traer efectos graves como intoxicación en caso de incrementar la dosis de este mineral, alterando al sistema nervioso y posiblemente llegando a coma. (1)

FUENTES DE CONSULTA ACERCA DE LAS DROGAS DE PSIQUIATRAS

1. Astigarraga, Montserrat: “¿Estás deprimido? Puede ser falta de litio”, Portal UniversoEhttp://www.universoe.com/salud/articulo/nutricion/01_litio.shtml
2. Brailowski, Simón: Las sustancias de los sueños: neuropsicofarmacología, FCE-CONACYT, México, 1995
3. C. Álamo, F. López-Muñoz, E. Cuenca: “Contribución de los antidepresivos y reguladores del humor al conocimiento de las bases neurobiológicas de los trastornos afectivos”, PSIQUIATRIA.COM - Vol. 2, No. 3, Septiembre 1998. http://www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol2num3/art_7.htm
4. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición no. 40, PLM, México, 1994
5. Goodman, Alfred et all: Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va. edición, Panamericana, Argentina, 1991
.6. LITIO: http://um-jmh.org/HealthLibrary/meds_SP/SP_Lithium.html
7. López Blanco, Myriam “De la euforia a la tristeza”, Salud y medicina, jueves, 10 de Julio de 1997, España: http://www.el-mundo.es/salud/Snumeros/97/S255/S255psiquiatria.html
8. Katzung, Bertram G.: Farmacología Básica y Clínica, Edición 3ra, Manual Moderno, México, 1987
9. Krupp, Marcus et all: Diagnóstico Clínico y Tratamiento, Manual Moderno, México, 1988
10. Michael Crawford’s Story: http://www.bipolarworld.net/Stories/micraw.html
11. Millás, Juan José: “Enfermos de afecto”, El País Semanal, no. 1378, domingo 23 de febrero de 2003
12. Moncrieff, Joanna: “Cuarenta Años de Tratamiento con Litio”, Revista de Psiquiatría del Uruguay Vol. 62. No.1. Abril 1998: http://www.mednet.org.uy/spu/index.htm?http://www.mednet.org.uy/spu/revista/abr1998/10.htm
13. Toro Martínez, Esteban: “Tratamiento psiquiátrico del trastorno bipolar”, Revista Ergentina de Clínica Neuropsiquiátrica, Año XI, vol. 9, Nº1, julio de 2000 http://www.alcmeon.com.ar/9/33/ToroMartinez.htm
14. Vieta, Eduard, Francesc Colom y Anabel Martínez-Arán: ¿Qué es el trastorno bipolar?, Barcelona, 2000.
15. Yamila Adams Villalón y Yanileydys Hernández Muñiz: “Tratamiento Profiláctico con Carbonato de Litio. Dieciocho Años de Experiencias.” ISCM-H Facultad de Ciencias Médicas “10 de Octubre”:http://fcmfajardo.sld.cu/cev2002/trabajos/10_de_octubre/09litio/litio.htm

Antidepresivos

DATOS GENERALES

Origen

El descubrimiento de los antidepresivos también fue casual. En 1950 se trató a pacientes afectados de tuberculosis con iproniazida, una sustancia que demostró mejorar notablemente el estado anímico de los pacientes a pesar del cuadro infeccioso. Esa y otras drogas inhibidoras de la enzima llamada monoaminooxidasa (MAO), fueron los primeros antidepresivos calificados como tales por su acción para suprimir los estados de tristeza. Diez años después aparecieron los antidepresivos tricíclicos y a la fecha se han descubierto muchos más que guardan cierta relación con sus antecesores.

QUÍMICA
Identificación
Sus presentaciones comerciales incluyen grageas, cápsulas y tabletas.
Composición
Estas drogas se clasifican en dos grupos:

1) tríciclicos (denominados así por su característico núcleo de 3 anillos) y

2) relacionados como amitriptilina (Anapsique®, Tryptanol®), clomipramina (Anafranil®), fluoxetina (Prozac®), nortriptilina (Motival®) e imipramina (Tofranil®, Talpramin®);e

Inhibidores de la monoaminoxidasa (MAO): como fenelcina (Nardil®) e isocarboxacida (Marplan®).

Formas de adulteración

Al ser productos expendidos en farmacias no se encuentran adulterados.

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo

Normalmente se administran por vía oral y en ocasiones por vía intravenosa. Necesitan varias semanas para producir los primeros efectos anímicos. Este rezago está relacionado con retardos en el logro de las concentraciones sanguíneas terapéuticas y con el intervalo que se requiere para bloquear los mecanismos de inactivación de ciertos neurotransmisores (noradrenalina, dopamina y serotonina) cuyo desequilibrio se cree causante de la depresión.

Usos terapéuticos

Los antidepresivos están indicados para el tratamiento de esta afección en su modalidad endógena, un trastorno bioquímico cerebral que se manifiesta por incapacidad para enfrentarse a las tensiones ordinarias, alteraciones del sueño y el apetito, fatiga, agitación y nerviosismo, falta de concentración, desinterés sexual y anhedonia (incapacidad para experimentar placer). En ocasiones también se recetan para la depresión asociada al trastorno afectivo bipolar (maniaco-depresivo).

Dosificación

El tratamiento con antidepresivos se inicia con dosis moderadas que van aumentando hasta llegar a la dosis máxima que se mantiene durante varios meses y en ocasiones años. Con un antidepresivo tricíclico como la clomipramina (Anafranil®) comienza con dosis de 50 a 75 mg al día hasta llegar a un máximo diario de 250 mg. Con un inhibidor de la MAO como la fenelcina (Nardil®) las dosis comienzan entre los 45 y 50 mg por toma hasta llegar a los 80 o 90 mg. Sobrepasar los umbrales máximos puede ser letal para sujetos sin tolerancia

Efectos psicológicos y fisiológicos

Aunque se considera a los antidepresivos como “activadores”, los tricíclicos son fuertemente sedantes. Los reportes de fatiga y pérdida de energía son comunes, en especial al principio de la administración ya que necesitan varias semanas para actuar. Funciones como el apetito, el sueño y el nivel de energía se elevan antes que el estado anímico.

Según advierte el doctor Simón Brailowski:

La administración de estas sustancias en sujetos sanos (no deprimidos) produce somnolencia, cierto mareo, caída de la presión arterial, sequedad de boca, visión borrosa y sensación de malestar generalizado. Por el contrario, en sujetos deprimidos produce una elevación en el estado de ánimo… sólo de dos a tres semanas de iniciado el tratamiento… La manera como estas sustancias actúan se ha descrito más en términos de disminución de ideas depresivas que la inducción de un estado de euforia, aunque se han reportado casos de excitación e insomnio en pacientes suceptibles. O sea, no es que la alegría aumente, sino que disminuye la tristeza. (1)

El aumento de peso es un problema común para las personas que usan antidepresivos. Entre sus efectos colaterales se encuentran: sequedad de boca y nariz, sensación de sabor metálico, dilatación pupilar, estreñimiento, visión borrosa y dolor (que puede indicar aumento en la presión ocular hasta llegar a causar ataques agudos de glaucoma), somnolencia, mareo, náuseas, inquietud, retención urinaria de varios grados, temblores, pérdida de la líbido y alteraciones eréctiles en el caso de los hombres. Tratamientos prolongados con inhibidores de la MAO provocan avidez por los dulces, insomnio y anorgasmia, además requieren de estrictas restricciones alimentarias. Se recomienda no conducir ni llevar a cabo movimientos finos o de precisión. El órgano que más se afecta es el corazón al alterarse la frecuencia cardíaca.

Potencial de dependencia

La tolerancia hacia los antidepresivos es considerable, pero el peligro de dependencia es relativamente bajo ya que sus efectos psicológicos no son muy atractivos y producen poca dependencia física. La supresión repentina causa síntomas gastrointestinales y trastornos del sueño, por lo que deben reducirse de manera gradual, procedimiento que toma varios meses.

¿QuË hacer en caso de emergencia?

Las dosis excesivas de antidepresivos tricíclicos deben considerarse como una de las urgencias médicas más graves. Los síntomas generalmente aparecen dentro de las primeras cuatro horas después de la ingestión y alcanzan mayor severidad después de 24 horas. Debido a la absorción retardada de estos fármacos, el sujeto puede tener riesgos hasta por 4 o 6 días. Las complicaciones principales incluyen coma con choque, depresión respiratoria, convulsiones, parálisis intestinal y vesical, delirio y arritmias cardíacas graves, por lo que cualquier sospecha de sobredosis debe considerarse como urgencia médica. En el caso de los inhibidores de la MAO, ingerir algún alimento que contenga tiramina durante el tratamiento (quesos añejos, diversos pescados, aguacates, frutas maduras, cerveza, vinos, hígado, salchichas, chocolate, plátano, café, salsa de soya, etc.) ocasiona un aumento brusco y grave de la presión arterial que puede ser fatal. Este caso también debe considerarse como urgencia médica.

HECHOS INTERESANTES

Régimen legal actual

Los antidepresivos son substancias controladas cuya venta requiere receta médica. Pertenecen a la Lista III.

Cuando el cuerpo no puede con el alma

Según reporta Priscila Guilayn para la revista española El País Semanal, la depresión afecta a más de 120 millones de personas en el mundo occidental y a cerca del 10% de los españoles. Por eso la llaman “la gripe de los trastornos mentales”. Se estima que sólo un 35% de qienes la sufren se atreven a pedir ayuda recurriendo a n profesional o a un grupo de autoayuda.

Los grados de depresión varían y reciben diferentes nombres clínicos por parte de los psiquiatras dependiendo de la duración y del motivo que ha llevado a la persona a padecer este mal. “Para entendernos: los psiquiatras ponemos apellidos a un montón de cuadros clínicos que lo que tienen en común es el ánimo triste. Hablamos de episodios depresivos, de depresiones recurrentes, de distimia. Son muchos tipos. La depresión es un síndrome que puede formar parte de un montón de trastornos”, explica el psiquiatra Alberto Fernández Liria, coordinador de salud mental de Alcalá de Henares. (18)

La psicóloga María Paz García Vera, directora de psicología clínica de la Universidad Compltense describe los síntomas más comunes asociados a este trastorno cuyas tres características fundamentales son la tristeza, la pérdida de interés y la apatía:

En las personas depresivas, los pensamientos son pesimistas al máximo. Se culpabilizan de todos los errores que pueden haber cometido. Se sienten inútiles. El mundo les parece un lugar que no tiene sentido, hostil. Ven negativo lo que les ocurre, ven negativo el futuro, no son capaces de ver la posibilidad de que eso cambie de alguna manera… Constantemente te sientes desgraciasdo, desanimado, con ganas de llorar; sientes que la vida no merece la pena, pierdes el interés por todo y la capacidad de disfrutar. Te vuelves pasivo y apático. Dejas de salir y, muchas veces, de ir a trabajar. Redces la actividad sexual, el deseo y hasta tus movimientos se ralentizan. Pierdes la energía… Suele afectar a todos los aspectos de la vida de una persona y conlleva cambios en su forma de sentir, de ver la vida, de comportarse. Incluso puede causar enfermedades y cambios físicos importantes: problemas de sueño, de alimenatción, fatiga… Otro pensamiento común es el suicidio. Pensar que los demás estarían mejor si se muriera. Se sienten como un estorbo. (18)

Según cosigna la reportera, cada año cerca de 20 millones de personas intentan quitarse la vida y un millón de ellas lo logran. De estos sicidios cerca de un 60% tienen por causa trastornos de tipo depresivo. La Organización Mundial de la Salud señala que aunque el comportamiento suicida tiende a aumentar con la edad, actualmente se presenta un alarmante crecimiento entre jóvenes de 15 a 25 años. No obstante, “los niños y adolescentes con depresión no suelen presentar el ánimo triste. Sus síntomas son irritabilidad, problemas de condcta o dificultad para relacionarse”, afirma García Vera.

En un estudio de la OMS de 1998, la depresión era la quinta causa de muerte, pero la previsión de este organismo para el 2020 es de que pase a ser la segunda, por detrás tan sólo de las cardiopatía isquémica. Las aterradoras previsiones de los organismos de salud pública de 185 países son los que han llevado a la OMS a pintar este futuro tan negro.

Para alguns pocas personas que aman s profesión, el trabajo funciona como n aliciente que les ayuda a seguir adelante, sin embargo, para la mayoría se convierte en una obligación casi imposible de realizar. “Los número desvelan, una vez más, la magnitud del problema. Según el sindicato de Comisiones Obreras, las alteraciones psíquicas y neurológicas (entre las cuales predomina la depresión) son la segunda causa de absentismo (el 17%), después de la gripe”. Estudios del departamento de salud laboral de este organismo señalan que “uno de cada diez trabajadores sufre una depresión clínica lo bastante grave como para exigir una baja laboral”. Esta central sindical calcula en 50 millones el número de trabajadores deprimidos en la Unión Europea, “lo que supone un coste anual de más de 22,000 millones de euros.” (18)

Dice la reportera que las maneras de vencer la depresión “pueden ser múltiples, pero ninguna funcionará si no existe un verdadero deseo por parte del deprimido de superar lo que algunos llaman poéticamente como eclipse del alma”. Pedir ayuda es el primer paso, pero después hay que “afrontar la depresión, sacar energía de donde no la hay y hacer justo todo lo contrario de lo que nos mande el cuerpo”, lo cual “parece sencillo visto desde afuera pero no lo es”. (18)

Aparte de un sistema de salud aceptable, según concluye la autora del reportaje, algo que facilitaría mucho la vida de los que sufren depresión sería romper con el tabú. Uno de los pacientes aquejados con depresión entrevistados por ella asegura: “mucha gente suele ridiculizarte. Dicen que no tienen tiempo para estar deprimidos; que los deprimidos son, en realidad, unos vagos y unos cobardes.” (18)

Según Fernández Lira, se calcula que de entre quienes recurren a un especialista, un 60% logra recperarse y cerca del 40% restante abandona el tratamiento antes de tiempo. “La tasa de pacientes que superan la depresión con antidepresivos o con psicoterapia es exactamente la misma. Si damos los dos tratamientos combinados, los resultados son mejores que con calquiera de los dos por separado.” (18) De acuerdo al Ministerio de Sanidad de España, los médicos de la Seguridad Social recetaron en España más de 20 millones de envases de fármacos antidepresivos durante el año 2003. Lo que equivale a más de 620 millones de euros invertidos en antidepresivos.

La utilidad de los antidepresivos según los Laboratorios Roche

Aunque la gran mayoría de las personas hemos experimentado tristeza, generalmente después de un acontecimiento adverso, según los psiquiatras nuestra tristeza debe desaparecer “en un tiempo razonable”, ya que de no ser así, podríamos estar sufriendo algún tipo de enfermedad mental.

En Depresión: Guía informativa para enfermos, familiares y amigos de los Laboratorios Roche, el doctor Ricardo Colín Piana explica que la depresión es una de las enfermedades psiquiátricas más frecuentes ya que según se estima el quince por ciento de la población general “presenta síntomas depresivos en algún momento de su vida que puedan ameritar tratamiento”. Según afirma en este folleto, la depresión es una enfermedad que debe ser diagnosticada y tratada por un médico y los fármacos antidepresivos son los medicamentos indicados en este padecimiento. Dependiendo de la intensidad de la enfermedad, el “individuo depresivo” puede presentar los siguientes síntomas:

- Indecisión que puede manifestarse hasta en aspectos intrascendentes.
- Pérdida de la autoestima, sentimientos de inutilidad o culpa excesivos e inadecuados.
- Dificultad para pensar con claridad o concentrarse. Olvidos frecuentes.
- Sentimientos de inutilidad, desesperanza y desmoralizantes.
- Pérdida del interés por el trabajo, los estudios, entretenimientos…
- Sensación de lejanía emocional hacia familiares o amigos.
- Falta de energía o inquietud extrema.
- Cambios en el apetito por exceso o disminución.
- Problemas para dormir, ya sea por despertares frecuentes, generalmente en la madrugada, o por dormir en exceso.
- Disminución en el interés sexual.
- Llanto fácil, o deseos de llorar y no poder hacerlo. Sentir un “nudo en la garganta”.
- Pesimismo, ideas recurrentes de muerte, incluso respecto al suicidio.
- En ocasiones pérdida del sentido de la realidad, quizá escuchar voces (alucinaciones) o tener ideas extrañas (delirios). (3)

Generalmente la administración de antidepresivos se acompaña de algún tipo de terapia psicoanalítica, pues el consenso entre los especialistas consiste en que el tratamiento de las alteraciones mentales no debe basarse únicamente en psicofármacos ya que el hombre es una unidad biológica, psicológica y social, y cada una de estas facetas debe ser considerada para lograr un esquema terapéutico integral.

La era del Prozac

Hasta hace pocos años, la inhibición de la MAO constituía el tratamiento por excelencia contra la depresión ya que cuando se impide la acción de esta enzima dedicada a degradar ciertos neurotransmisores (dopamina y noradrenalina), aumentan los niveles de serotonina permitiendo el incremento de la actividad neuronal. La serotonina es un neurotransmisor que participa en muchos aspectos de las funciones cognoscitivas superiores, como la planificación y el proceso de toma de decisiones. El incremento en los niveles de serotonina mediante la inhibición de la MAO, que es lo que ocurre normalmente cuando se ejerce el razonamiento, origina un aumento en la actividad de los nexos receptores centrales. La serotonina normalmente es reciclada por las células nerviosas, y “los nuevos fármacos antidepresivos como el Prozac bloquean esta actividad de reciclaje con lo que aumenta la serotonina en los niveles sinápticos”. (2)

A partir de la década pasada el Prozac se ha convertido en la droga antidepresiva de mayor venta en el mundo y se ha vuelto tanto una bandera como un estigma para toda una generación de personas que la consumen o que están en contra de lo que representa, esto es, la posibilidad de “tapar el sol con un dedo”, o sea, de suprimir la sintomatología de un estado conflictivo sin resolverlo. Incluso hay libros y canciones que utilizan la palabra Prozac como una alusión a la capacidad del sistema para ocultar la insatisfacción de los individuos y enmascararla bajo los efectos de una droga a la que, además se le atribuyen falsamente algunos efectos secundarios que algunos encuentran deseables como sensaciones orgásmicas a la hora de estornudar.

La depresión y los sicidos entre los jóvenes han aumentado alarmantemente

El suicidio por depresión es la primera causa de muerte en la población adolescente de Europa. En España es la segunda, después de los accidentes de carreteras. “La depresión será en el nuevo siglo la primera causa de morbilidad (complicaciones patológicas) en los países desarrollados”, según destacan psiquiatras y médicos de familia que se han unido en el programa Enlaces ante la depresión concebido como un apoyo al manejo de la depresión en el ámbito de la atención primaria, “ya que el 25% de las personas que acuden al médico de cabecera consulta por un síndrome depresivo”. (19)

Carmen Moliner, vicepresidenta de la SEMFYC, asegura que en las consultas de atención primaria la depresión es el proceso psiquiátrico más frecuentemente diagnosticado: “Aunque a veces el paciente no es consciente de su problema o trata de ocultarlo por vergüenza, por estar falsamente considerado como una debilidad de carácter, y solicita la ayuda del médico por otros motivos, al final vemos que el 10% de nuestros pacientes, conscientemente o no, acude al médico de familia por síntomas depresivos.” (19)

Fernando Cañas, jefe del departamento de Psiquiatría del hospital Psiquiátrico de Madrid, asegura que la depresión que se detecta tanto en el ámbito de la atención primaria como en el de la especializada “no es más que la punta del iceberg de un problema infradiagnosticado y rodeado de multitud de prejuicios sociales”. A su juicio, el manejo de la depresión se sustenta sobre dos pilares: tratamiento farmacológico y ayuda psicoterapéutica. “Del mismo modo que a un paciente con un cólico nefrítico no se le dice que levante el ánimo y tenga fuerza de voluntad, tampoco podemos adoptar esta actitud ante un depresivo, que es un enfermo que requiere una atención médica especial”, dice.

Según consigna Maika Sánchez, los expertos aseguran que:

…cuando una persona mantenga durante más de 15 días síntomas como alteraciones del ánimo, labilidad emocional, falta de energía, desinterés por las cosas o alteraciones del sueño, es conveniente que acuda a su médico de cabecera, puesto que, si el diagnóstico y el tratamiento son los correctos, un 75% de los pacientes depresivos puede ser controlado en atención primaria. Y un adecuado manejo de este proceso y el cumplimiento terapéutico evitarán la gran tendencia que tiene a la cronicidad cuando no se diagnostica ni se maneja convenientemente…Sólo el 25% restante debe ser derivado al especialista porque no responde al tratamiento o por la complejidad de su proceso. (19)

Photodisc, Prozac, Zoloft y otros antidepresivos acentúan los pensamientos suicidas en los adolescentes

Según reportó Jean-Louis Santini para la AFP en septiembre del 2004, los antidepresivos fueron puestos en el banquillo de acusados en Estados Unidos pes las autoridades médicas reconocieron que están relacionados a un mayor riesgo de suicidio entre los jóvenes, y los expertos están haciendo fuertes advertencias a médicos y pacientes.

“Pienso que ahora todos creemos que hay un crecimiento de las tendencias al suicido con la toma de estos antidepresivos”, declaró el doctor Robert Temple, un alto responsable de la administración encargada del control de alimentos y remedios (FDA). (21) Temple resumía con esta declaración las conclusiones de una comisión de 31 especialistas que analizó ensayos clínicos sobre 4.000 jóvenes realizados por los fabricantes de cinco antidepresivos, incluyendo Prozac y Zoloft.

Estos estudios muestran que un joven que ingiere estos antidepresivos tiene dos veces más riesgo de tener pensamientos suicidas que otro a quien se le administró placebos. Para el Prozac, el antidepresivo más recetado para tratar la depresión entre los jóvenes, este riesgo es 50% más elevado, según el estudio. Ningún suicidio tuvo lugar en este grupo, precisó la FDA. Las conclusiones de estos ensayos clínicos fueron juzgadas suficientemente alarmantes por la comisión de especialistas como para pronunciarse por que la FDA imponga la advertencia más fuerte posible en las fichas de información de los antidepresivos que los laboratorios suministran a los médicos. La comisión estimó que estos laboratorios deberían asimismo suministrar información a los pacientes explicando en términos simples los peligros vinculados a la ingesta de sus medicamentos.

No obstante, aunque cientos de medicamentos son acompañados de una fuerte etiqueta de advertencia, la FDA no ha impuesto que se formulen advertencias de riesgos potenciales más que a una treintena de tratamientos y ninguno de los expertos exigió prohibir a estos medicamentos, como hicieron varios países europeos a fines de 2003.

Además, los médicos estimaron deseable que el uso de antidepresivos entre los jóvenes disminuya en la medida que no sólo presentan riesgos sino que su eficacia está en duda. “Disponemos de muy buenas indicaciones de sus efectos nefastos y muy pocas de su eficacia”, explicó el doctor Thomas Newman, profesor de pediatría, citado en The New York Times. (21)

Según las últimas estadísticas disponibles, los médicos estadounidenses emitieron cerca de 11 millones de recetas de antidepresivos destinados a menores de 18 años en 2002, es decir 8% del total de estos medicamentos prescriptos en Estados Unidos. (21)

Testimonios de dos personas afectadas por la depresión

El pintor Javier Cámara de 30 años, cuenta:

Me sentía muy extraño, muy raro. No sabía lo que me pasaba. Sentía mcha soledad, pese a que hubiera mucha gente a mi alrededor. Era una mezcla de soledad y confusión. Estaba en un agujero y pensaba que no conseguiría salir. Mis pensamientos eran my negativos y no me daban tregua. Todo era oscuro. Fui al médico y él me dio de baja. Me daignosticó un cuadro depresivo con crisis de ansiedad. Estve sin ir a la tienda de discos donde trabajaba durante seis meses. No podía creerme que tenía depresión. Me sonaba como a reportaje de revista. Pensaba que la depresión era cosa de personas que tenían mcho tiempo libre, de gente con la visa solucionada. Pensaba también qe la depresión era n estado de ánimo qe iba y venía, pero no: estve tres semanas sin reaccionar, en los que adelgacé cinco kilos. Me abandoné. No tenía ferza vital ni para pintar, ni para salir a la calle, ni para trabajar en la tienda; tampoco para estar con mis amigos. No hellegado a tomar pastillas. Empecé a ir a n psicólogo y, a la vez, a un homeópata bioenergético. Son tratamientos que profundizan en la raíz del problema. Hace que te enfrentes a ti mismo y seas consciente de todo lo que te pasa. Fui equilibrándome poco a poco. Hoy me conozco más y tengo más experiencia vital. Me siento más desarrollado emocionalmente y veo que soy más fuerte de lo que pensaba que era. Me he reinventado a mi mismo. (18)

La actriz María Lisa Merlo de 63 años, dice:

Durante la depresión era totalmente antisocial; me costaba no sólo levantarme de la cama, sino hablar, comnicarme, relacionarme. Lo que tenía era miedo y vergënza. Miedo a la depresión y vergüenza de mostrarla. La muerte de mi padre, en 1984, fe el desencadenante de un inconformismo total conmigo, por no saber distingir my bien quién era yo de verdad y quién era aqella qeu se mostraba ante el público. Estoy en los periódicos y en las revistas desde qe tengo 17 meses. Vivía una dicotomía que me hacía explotar el cerebro: se me mostraba como una señorita perfecta de los años sesenta, casada, con cuatro hijos, matrimonio feliz. Era el símbolo de la felicidad. Mientras tanto yo no estaba conforme con nada de lo que pasaba en mi vida y en mi país, no me gustaba lo que hacía como actriz, mi vida personal no me gustaba tampoco. Pasé a tomar pastillas, drogas recreativas y todo lo que yo pesaba que me podía ayudar a salir de la depresión. Tenía que llegar a este pozo para haber triunfado sobre mí misma. Todo fue yendo poquito a poco. Ahora hace cinco años de mi resurgir total. La meditación -me refiero a la espiritualidad, que no tiene nada qué ver con la religión- y el ejercicio físico me ayudaron mcho. Tengo la suerte de ser muy curiosa y muy vital, y volví a interesarme mucho más por todo y a descubrir cosas nuevas como la pintura… (18)

La hipnosis regresiva como sustituto de antidepresivos y sedantes

El doctor Brian Weiss, graduado de las universidades de Columbia como médico y de Yale como psiquiatra, catedrático de psicofarmacología y psiquiatría biológica, ha escrito tres libros, Muchas vidas, muchos maestros, Lazos de amor y A través del tiempo. En todos ellos relata su descubrimiento de una técnica de regresión hipnótica y la afinación de la misma para curar casos graves de fobias, ansiedades y depresiones de todo tipo.

En el prólogo del primero, el doctor Weiss confiesa que le llevó mucho tiempo decidirse a escribir sobre esto, “cuatro años reunir valor para aceptar el riesgo profesional de revelar esta información nada ortodoxa”. (17) Posteriormente relata su primer caso espectacular de regresiones hipnóticas hacia lo que en la literatura esotérica y las religiones orientales se conoce desde hace siglos como “vidas pasadas”.

Tras varios años de utilizar la hipnosis como herramienta terapéutica, Weiss la probó para buscar el origen de la ansiedad, los ataques de pánicop y las fobias de una paciente llamada Catherine. El doctor cuenta que bajo hipnosis Catherine recuperó recuerdos de “vidas pasadas” que resultaron ser los factores causantes de sus síntomas. También actuó como conducto para recibir información procedente de “entidades espirituales” altamente evolucionados que ofrecieron datos necesarios para su recuperación y la de otros pacientes y en pocos meses sus síntomas desaparecieron “y reanudó su vida más feliz que nunca”.

Cuenta el doctor que cuando estos hechos comenzaron a suceder se sintió absolutamente asombrado y desconcertado, pues en sus estudios no había nada que le hubiese preparado para algo semejante:

No tengo explicaciones científicas de lo que ocurrió. En la mente humana hay demasiadas cosas que están más allá de nuestra comprensión. Tal vez Catherine, bajo hipnosis, pudo centrarse en esa parte de su mente subconciente que acumulaba verdaderos recuerdos de vidas pasadas; tal vez utilizó aquello que el psicoanalista Carl Jung denominó ‘inconciente colectivo’: la fuente de energía que nos rodea y contiene los recuerdos de toda la raza humana… (17)

A raíz de esta experiencia con Catherine, el doctor Weiss utilizó este método con más pacientes y disminuyó paulatinamente la utilización de los fármacos. Según sus propias palabras:

Yo nunca vacilaba en utilizar sedantes y hasta medicamentos antidepresivos para tratar las ansiedades y los miedos crónicos y graves. Ahora recurro a ellos con mucha más moderación y sólo durante breves periodos si acaso. No hay medicamento que pueda llegar a las verdaderas raíces de los síntomas. Mis experiencias así me lo han demostrado. Ahora sé que con la hipnosis regresiva se puede curar en vez de limitarse a disimularlo o enmascarar los síntomas con fármacos. (17)

Weiss no es el único profesional de la psiquiatría que se ha topado con estas cuestiones, pero quizá es uno de los primeros que se ha atrevido a escribir al respecto. Otros casos significativos son los del doctor Stanislav Grof, cofundador de la Psicología Transpersonal (ver más sobre él en adicciones), el doctor Roger Woolger (autor de Otras vidas, otras identidades); los doctores C.J. Ducasse, Martin Ebon, Helen Wambach, Gertrude Schmeider, Frederick Lenz, Edith Fiore, Brabara Ann Brennan (autora de Manos que curan y Hágase la luz) y el doctor Ian Stevenson quien ha reunido más de dos mil ejemplos de niños con recuerdos y experiencias del tipo de la reencarnación, como xenoglosia, que es la capacidad de hablar un idioma extranjero al que nunca se ha estado expuesto.

No obstante, como asegura el mismo Weiss, “la investigación científicamente rigurosa de estos temas está todavía en mantillas. Si bien se están dando grandes pasos para descubrir esta información, el proceso es lento y encuentra mucha resistencia tanto por parte de los científicos como de los legos.” (17)

La Alianza para la Depresión

Jaime Smith Semprún, un júbilado fundó hace nueve años en Madrid la Alianza para la Depresión. Motivado por su esposa, profundamente afectada por lo que Smith denomina “el dolor del alma”, trastorno que ha dado título a un libro que publicó en el año 2000.

El fundador y autor calcula que han pasado más de 7,000 personas por las reuniones de la Alianza que él mismo dirige en una sala cedida por la clínica Nuestra Señora de la Paz, en Madrid. Smith asegura que “hace falta una tercera vía, que son los grupos de autoayuda, porque el 40% de los pacientes deja el tratamiento. Por otro lado, ellos se quejan de que los médicos de la Seguridad Social no les dedican tiempo suficiente, y por ello tienen muchas dudas qué aclarar. Nuestra labor es complementaria.”

Dice que no cree en las estadísticas que dicen que hay dos veces más mujeres que hombres padeciendo depresión: “Hay causas físicas, como la menopausia, que pueden hacer que la mujer más vulnerable. Lo que nos pasa a los hombres, sin embargo, es que no admitimos que sufrimos porque creemos que es una debilidad. Buscamos otras alternativas, como el alcohol, para huir de la depresión y acabamos cayendo aún más en ella.” (18)

La Alianza para la Depresión tiene su cede en C/ General Margallo, 27 - 1º D,: Madrid 28020 (España), Tel: 915703003 www.alianzadepresion.com

FUENTES DE CONSULTA ACERCA DE LAS DROGAS DE PSIQUIATRAS

1. Brailowski, Simón: Las sustancias de los sueños: neuropsicofarmacología, FCE-CONACYT, México, 1995

2. Callaway, J.C.: “Farmacología de la ayahuasca”, en San, L. et all: Alucinógenos, la experiencia psicodélica, Ed. En Neurociencias, España, 1996.

3. Colín Piana, Ricardo: Depresión: Guía informativa para enfermos, familiares y amigos, Laboratorios Roche.

4. C. Álamo, F. López-Muñoz, E. Cuenca: “Contribución de los antidepresivos y reguladores del humor al conocimiento de las bases neurobiológicas de los trastornos afectivos”, PSIQUIATRIA.COM - Vol. 2, No. 3, Septiembre 1998. http://www.psiquiatria.com/psiquiatria/vol2num3/art_7.htm

5. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición no. 40, PLM, México, 1994.

6. Escohotado, Antonio: Guía de venenos, Ómnibus Mondadori, España, 1990.

7. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo II, Alianza, España, 1995.

8. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo III, Alianza, España, 1995.

9. Estadísticas de substancias psicotrópicas para necesidades lícitas, ONU, doc. E/INCB/W.15, 1978.

10. Fármacos de abuso: Información farmacológica y manejo de intoxicaciones, Centro Mexicano de Estudios en Farmacodependencia, México, s/f.

11. Goodman, Alfred et all: Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va. edición, Panamericana, Argentina, 1991.

12. Identificación de Estupefacientes y psicotrópicos, Instituto de Capacitación de la PGR, México, 1994.

13. Katzung, Bertram G.: Farmacología Básica y Clínica, Edición 3ra, Manual Moderno, México, 1987.

14. Krupp, Marcus et all: Diagnóstico Clínico y Tratamiento, Manual Moderno, México, 1988.

15. Sabbag, Robert: “Qualudes”, en Ciego de nieve, Anagrama, España, 1990.

16. Szasz, Thomas “Lo que ayer era pecado es hoy enfermedad mental”, Muy interesante, No. I, México, 1996.

17. Weiss, Brian: Muchas vidas, muchos maestros, Punto de lectura, Madrid, España, 2001.

18. Guilayn, Priscila: “Cuando el cuerpo no puede con el alma”, El País Semanal, no. 1464, domingo 17 de octubre de 2004

19. Sánchez, Mayka: “La depresión acecha a los jóvenes”, El País, 26-06-2001

20. Smith Semprún, Jaime: El dolor del alma, Alianza Editorial, España, 2000.

21. Santini, Jean-Louis: Antidepresivos inducen suicidio: http://www.univision.com/content/content.jhtml?chid=10104&schid=10108&secid=0&cid=457967

Antipsicóticos

DATOS GENERALES

Origen

En el argot psiquiátrico, los antipsicóticos, también llamados tranquilizantes mayores, se identifican bajo el término de neurolépticos, del griego neuro: nervio y lepto: atar. Su descubrimiento fue accidental. El doctor francés Henri Lobori realizaba estudios con substancias que pudiesen antagonizar los síntomas del estado de choque cuando descubrió la clorpromazina, un fármaco capaz de producir cierta somnolencia y disminuir las reacciones ante estímulos ambientales sin ocasionar la pérdida total de la conciencia. En 1952 Jean Delary y Pierre Deniker, dos de los psiquiatras más reconocidos de la época, comenzaron a ensayar la clorpromazina administrándola a algunos de sus pacientes. Los resultados fueron calificados como extraordinarios. En 1958 Janssen descubrió las propiedades antipsicóticas del haloperidol y a partir de entonces siguieron explorándose los usos antipsicóticos de otras substancias similares.

QUÍMICA

Identificación

Los antipsicóticos se comercializan en soluciones inyectables, gotas y tabletas.

Largactil 125 y Largactil 100
Composición
Los neurolépticos más conocidos son buitirofenonas como el haloperidol (Haldol®, Haloperil®) o derivados fenotiacínicos como la clorpromazina (Largactil®, Clorpromacín®), la perfenacina (Leptopsique®) y la tioridacina (Melleril®).

Entre los más nuevos se encuentran la clozapina (Leponex®, Clopsine®) y la risperidona (Risperdal®).

Formas de adulteración

Al ser productos expendidos en farmacias se encuentran libres de adulteraciones.

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo

Los neurolépticos pueden administrarse por vía oral, sublingual o intramuscular. Al llegar al cerebro ocupan los receptores del neurotransmisor conocido como dopamina y en algunos casos también los de la serotonina. Actúan como antagonistas bloqueando sus efectos y producen un estado de tranquilidad e indiferencia inmediatas; es por esto que en 1952 el primer científico en experimentar con ellos los calificó de auténticos “lobotomizadores químicos”(7).

Usos terapéuticos

Los psiquiatras los prescriben básicamente en cuadros clínicos de esquizofrenia, paranoia, psicosis orgánicas y funcionales. El haloperidol y la clorptomazina se administran también para detener los estados alterados de conciencia producidos por las llamadas drogas alucinógenas.

Dosificación

El tratamiento con antipsicóticos se inicia con dosis moderadas que van aumentando hasta llegar a la dosis máxima que se mantiene durante varios meses y en ocasiones años. El empleo de la clorpromacina (Largactil®, Clorpromacín®), por ejemplo, puede comenzar con dosis diarias de 100 a 200 mg, y elevarse hasta alcanzar los 600 o los 1000 mg. Para sujetos sin tolerancia las dosis letales sobrepasan esta última cifra. La dosificación de haloperidol (Haldol®, Haloperil®) se calcula en función de la gravedad del episodio psicótico y se descontinúa en cuanto los síntomas desaparecen. Las dosis medias fluctúan entre 10 y 20 mg; las altas entre 30 y 40 mg. Más de esta cantidad en sujetos sin tolerancia puede ser letal.

En casos de psicosis funcionales provocadas por alucinógenos, estimulantes o alcohol, la dosificación de ambas sustancias se calcula en función de la gravedad del episodio psicótico y se discontinúa en cuanto los síntomas desaparecen.

Efectos psicológicos y fisiológicos

Los especialistas consideran que la mayor parte de los medicamentos antipsicóticos producen reacciones desagradables en los individuos normales, es decir, no psicóticos. Entre los pacientes psiquiátricos, generan un estado similar a la indiferencia emocional sin causar trastornos perceptivos ni alteración en las funciones intelectuales. Se experimentan liberación de la ansiedad, desinterés, falta de concentración y aumento del apetito. El Dr. Simón Brailowsky lo describe en los siguientes términos:

el síndrome neuroléptico aparece como un cuadro de sedación, lentificación psicomoptora y emocional, supresión de movimientos espontáneos y de conductas complejas, reducción de la iniciativa y del interés en el medio (se dice que los estímulos externos “se resbalan” o “rebotan” en el paciente, sin que esto signifique que el sujeto no reaccione ante su medio: si se duerme se le puede despertar con relativa facilidad, contesta a las preguntas directas, mantiene sus funciones intelectuales, etc., además de que se preservan los reflejos espinales. Es decir, no es que el sujeto se encuentre sedado y por esta causa se produzcan los demás efectos… la agitación y la inquietud van desapareciendo; la misma tendencia se observa en el caso de las alucinaciones, delirios y desorganización del pensamiento. (1)

Todos los antipsicóticos tienen efectos colaterales que van desde visión borrosa, congestión nasal, sequedad de boca, trastornos de peso, contracciones musculares involuntarias, retención urinaria, anemia, irregularidad menstrual, atrofia testicular, alergias cutáneas y vértigos; hasta destrucción de células en la sangre, obstrucción hepática con ictericia (que provoca una pigmentación amarilla característica), excitación paradójica, fotofobia, arritmias cardíacas, aumento de la temperatura corporal y parkinsonismo (temblor en extremidades, tronco, cabeza y lengua que ocasiona alteraciones en la coordinación motriz fina). La degradación en el deseo erótico y la disquinesia tardía (movimientos involuntarios de boca, tronco o extremidades que pueden aparecer después de terminado el tratamiento), llegan a ser irreversibles en tratamientos prolongados (más de dos años).

Potencial de dependencia

La tolerancia hacia los neurolépticos es considerable, aunque el peligro de dependencia es relativamente bajo ya que sus efectos psicológicos no resultan atractivos. Su administración prolongada tampoco genera una verdadera dependencia a nivel físico, por lo que una suspensión brusca sólo puede provocar ciertos signos de malestar como dolores musculares e insomnio, que desaparecen al cabo de algunos unos días.

¿Qué hacer en caso de emergencia?

Las dosis excesivas deben considerarse como urgencia médica ya que pueden ocasionar catalepsia debido a la reducción de oxígeno en el tejido cerebral. También pueden generar Síndrome Terapéutico Maligno (STM) con alteraciones en la presión arterial y de la conciencia, inestabilidad cardiovascular, congestión pulmonar, coma y muerte.

HECHOS INTERESANTES

Régimen legal actual

Los neurolépticos están sujetos a control internacional. Pertenecen a la Lista III, por lo que sólo pueden adquirirse bajo receta médica.

La opinión de los psiquiatras

Se calcula que sólo en México, la prevalencia de esquizofrenia es de 1 a 2 personas por cada 100 habitantes. Aunque algunos especialistas como Tomás Szasz, consideran que esta alteración mental “no se trata recetando fármacos antiesquizofrénicos” porque es tan equivocado “como pretender mandar unas pastillas anticristianismo o antiespañolismo” (17); otras personas consideran que el impacto de estos fármacos en la psiquiatría y en las vidas de los esquizofrénicos ha sido enorme, tal es el caso de los médicos encargados de redactar una de las biblias de la medicina académica, el Manual Goodman y Gilman, que de acuerdo a su mismo título establece Las bases farmacológicas de la terapéutica:

En primer lugar han transformado la existencia de los enfermos, que ya no se internan en instituciones mentales sino que siguen en la comunidad. Para muchos de ellos este cambio ha producido una vida más significativa bajo circunstancias más humanas. Para otros, la tragedia de una vida infructuosa está desempeñándose ahora en las calles o en las ciudades del interior más que en las instituciones mentales. En segundo lugar han cambiado de manera importante el pensamiento psiquiátrico a una orientación más biológica. A pesar de la gran cantidad de investigaciones que han efectuado personas muy competentes de diversas disciplinas, la esquizofrenia sigue siendo un misterio científico y como siempre un desastre personal. Aunque la mayoría de los pacientes esquizofrénicos obtienen cierto grado de beneficio con estos fármacos, ninguno de ellos está sano. (11)

La opinión de la Psicología Transpersonal

Para los cofundadores de la Psicología Traspersonal, entre quienes destacan Abraham Maslow, Antoni Sutich, Christina y Stanislav Grof, existen problemas con los diagnósticos clínicos de la psicosis y sus distintas veriaciones. Aseguran que clínicos e investigadores difieren mucho por lo que respecta a los temas fundamentales, y las posiciones de las distintas escuelas psiquiátricas también se contradicen, por lo que la clasificación de los desórdenes psiquiátricos varía asimismo de un país a otro, y los antropólogos ya han demostrado la relatividad cultural de lo que se considera una forma de experiencia y comportamiento normal y aceptable.

Esta nueva escuela de la psicología se dedica especialmente a investigar la dimensión espiritual de la psique, analizando las experiencias espirituales del ser humano y sus consecuencias. Los psicólogos transpersonales Christina y Stanislav Grof han observado que dentro del proceso del despertar espiritual, un proceso que normalmente es gradual, puede haber algunas fases o casos que podrían considerarse como una emergencia espiritual y confundirse con estados de psicosis:

Existen razones importantes para reconocer la existencia de las emergencias espirituales y sacarlas del marco del modelo médico. En los individuos que sufren una crisis transformativa de esta naturaleza, el uso insensible de etiquetas patológicas y de distintas medidas represivas, incluyendo un control indiscriminado de los síntomas mediante la medicación, puede interferirse en el potencial curativo del proceso. La dependencia a largo plazo de neurolépticos y tranquilizantes (con sus bien conocidos efectos secundarios), la falta de vitalidad y un modo de vida condicionado presentan un triste contraste con estas infrecuentes situaciones en las que a la crisis trasnformativa de la persona se le permite seguir su curso hasta su plenitud y son apoyadas y reconocidas como tales. (12)

Estos psicólogos consideran correcto tratar una psicosis con fármacos, pero les parece que es contraproducente tratar una emergencia espiritual con ellos, ya que ésta por su misma naturaleza es un proceso curativo en el que la aparición de los síntomas es el inicio del proceso de sanación y su intensidad es un indicativo de la velocidad de la trasnformación que está llevándose a cabo en la psique de la persona. Sostienen que la activación de la psique que caracteriza dichas crisis espirituales involucra un despeje radical de viejos recuerdos e impresiones traumáticas. Advierten sin embargo, que para que este potencial se manifieste, es necesario que el proceso no se vea interrumpido sino apoyado por amigos, familiares y profesionales que lo entiendan como tal y que no lo clasifiquen como una enfermedad mental. (Ver más acerca de los Grof en el apartado de Adicciones)

Cómo distinguir una psicosis de una emergencia espiritual

En su libro La tormentosa búsqueda del Ser (12), Christina y Stanislav Grof ilustran mediante la descripción de dos hipotéticos pacientes que explican sus problemas a un psiquiátra, la diferencia que puede haber entre una persona que sufre una psicosis y otra que está atravesando por una emergencia espiritual. El primero llega a la consulta y cuenta el siguiente relato:

En las tres últimas semanas he estado teniendo toda suerte de experiencias extrañas. Mi cuerpo se carga con una energía increíble. Circula por la columna y sube hasta la espalda y la base del cráneo. A veces es muy doloroso. Tengo dificultades para dormir y en ocasiones despierto a media noche sudando y lleno de ansiedad. Tengo la sensación particular de que acabo de llegar de alguna parte lejana, pero no sé de donde. Tengo visiones de situaciones que parecen provenir de otras culturas y otros siglos. No creo en la reencarnación, pero a veces tengo la sensación de recordar cosas de existencias anteriores, como si hubiera vivido anteriormente. Otras veces veo luces brillantes o imágenes de deidades y demonios, y otros elementos típicos de los cuentos de hadas. ¿Ha oído alguna vez algo por el estilo? ¿Qué me está pasando? ¿Me estoy volviendo loco? (12)

Dicen los Grof que este puede ser el caso de alguien que esté atravesando por una emergencia espiritual, ya que la persona está aturdida y confundida por toda una variedad de experiencias extrañas pero es claramente conciente de que el proceso es interno y manifiesta voluntad por recibir consejos y ayuda. O sea que es el candidato ideal para ser tratado por un psicólogo transpersonal. En cambio, el segundo cliente hipotético llegaría con una actitud muy distinta, pues más que pedir consejo y presentar una historia clara, se quejaría:

Mi vecino la ha tomado conmigo. Está bombardeando gases tóxicos en mi sótano con una tubería que ha construido en secreto. Me está envenenando la comida y el agua. En casa no tengo intimidad, ha colocado un montón de instrumentos para espiarme por todos lados. Mi salud empeora; mi vida está amenazada. Todo forma parte de un complicado complot apoyado por la Mafia; están pagando mucho dinero para acabar conmigo. Para ellos represento un peligro porque mis altos principios morales se interponen en sus planes. (12)

De acuerdo a los Grof éste último sería el caso de una persona acertadamente diagnosticada como psicótica, pues sean cuales sean las causas de ese estado, un paciente de esa categoría carece de la introspección básica necesaria para comprender que la situación tiene que ver con su propia psique; dado lo cual, no estará interesado en conseguir ayuda alguna, fuera del posible apoyo en su lucha contra los pretendidos perseguidores: iniciar acciones legales o desmantelar la casa. Además verá al terapeuta como un enemigo potencial en lugar de una ayuda, por lo que será el candidato idóneo para recibir un tratamiento psiquiático convencional.

(Ver más acerca de las emergencias espirituales en Cartografía de la experiencia psicoactiva)

FUENTES DE CONSULTA ACERCA DE LAS DROGAS DE PSIQUIATRAS

0. Antipsicóticos: http://um-jmh.org/HealthLibrary/meds_SP/SP_Antipsychotics.html

1. Brailowski, Simón: Las sustancias de los sueños: neuropsicofarmacología, FCE-CONACYT, México, 1995

2. Callaway, J.C.: “Farmacología de la ayahuasca”, en San, L. et all: Alucinógenos, la experiencia psicodélica, Ed. En Neurociencias, España, 1996.

3. Colín Piana, Ricardo: Depresión: Guía informativa para enfermos, familiares y amigos, Laboratorios Roche.

4. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición 17, PLM, México, 1970

5. Diccionario de Especialidades Farmacéuticas, Edición no. 40, PLM, México, 1994.

6. Escohotado, Antonio: Guía de venenos, Ómnibus Mondadori, España, 1990.

7. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo II, Alianza, España, 1995.

8. Escohotado, Antonio: Historia General de las Drogas, Tomo III, Alianza, España, 1995.

9. Estadísticas de substancias psicotrópicas para necesidades lícitas, ONU, doc. E/INCB/W.15, 1978.

10. Fármacos de abuso: Información farmacológica y manejo de intoxicaciones, Centro Mexicano de Estudios en Farmacodependencia, México, s/f.

11. Goodman, Alfred et all: Goodman y Gilman. Las bases farmacológicas de la terapéutica, 8va. edición, Panamericana, Argentina, 1991.

12. Grof, Christina y Stanislav: La tormentosa búsqueda del Ser, Los libros de la liebre de marzo, Barcelona, 1990.

13. Identificación de Estupefacientes y psicotrópicos, Instituto de Capacitación de la PGR, México, 1994.

14. Katzung, Bertram G.: Farmacología Básica y Clínica, Edición 3ra, Manual Moderno, México, 1987.

15. Krupp, Marcus et all: Diagnóstico Clínico y Tratamiento, Manual Moderno, México, 1988.

16. Sabbag, Robert: “Qualudes”, en Ciego de nieve, Anagrama, España, 1990.

17. Szasz, Thomas “Lo que ayer era pecado es hoy enfermedad mental”, Muy interesante, No. I, México, 1996.

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